Perversión. Un análisis de Dolores Agenjo

Esta mañana el corazón se me ha encogido al oír la noticia: los partidos filovascos que gobiernan Navarra con el concurso de Podemos e IU han convocado una manifestación a favor de los que agredieron a dos guardias civiles y sus novias en Alsasua.

A pesar de estar acostumbrada a la manipulación de la realidad ejercida a diario y en toda España por los fanáticos del nacionalismo y sus palmeros de la izquierda troglodita, no he podido evitar conmocionarme al oír en RAC1 el relato de los hechos urdido por los propagandistas del régimen nacionalcatalanista y adláteres.

Resulta que dos guardias civiles y sus novias “se pelearon” —también ellas—con ocho “chavales” —pobres angelitos— en un bar de Alsasua.

Como resultado, un esquince de tobillo y unas cuantas contusiones, total, nada que merezca mucha atención. Ni siquiera explican que los únicos lesionados como resultado de la supuesta pelea fueron los guardias civiles y sus respectivas novias.

Así que los agresores, los ocho chavalitos, son las víctimas: unos pobres chicos encarcelados injustamente por el Estado español; los lesionados son, simplemente, guardias civiles, y, en definitiva, no hubo tal agresión, todo se redujo a un enfrentamiento entre dos bandos, porque ya se sabe que la mera presencia de los guardias en territorio euskaldún constituye una provocación inadmisible.

Por cierto, aún no he oído a ninguna organización feminista clamar contra la agresión sufrida por las novias de los guardias. Claro que, ateniéndose a la definición de violencia de género —violencia ejercida contra la mujer por el hecho de ser mujer—, dirán que, en este caso, el sexo de las víctimas no importaba, sino su condición de novias de guardias civiles, hecho que, como todo el mundo sabe, es en sí mismo inadmisible y justifica la aplicación de un correctivo.

Sin embargo, y, por desgracia, este no es un hecho aislado, sino un ejemplo más de lo que constituye la esencia del nacionalismo: la total y sistemática inversión de la realidad, la creación de un mundo al revés donde el mal se convierte en el bien, lo injusto en lo justo, la mentira en la verdad.

En Cataluña es nuestro pan de cada día desde los ya lejanos tiempos en que Jordi Pujol, el jefe de todo esto, accedió al poder y contaminó con su doctrina a todas las instituciones y a todos los medios de comunicación catalanes.

Porque en la propaganda del régimen nacionalcatalanista y sus colaboracionistas el derecho a decidir es sagrado, pero solo si se trata de decidir la secesión de Cataluña, porque si lo pretendido es reclamar la separación de Tabarnia respecto de Cataluña, entonces es un disparate. Y ya no digamos si lo que se reclama es una educación en español: eso, por supuesto, no es un derecho, sino una amenaza contra el catalán; en cambio obligar a todos los niños catalanes a estudiar única y exclusivamente en catalán no es una injusticia, sino —pásmense — “un tesoro”.

Mentir en el currículo es motivo más que suficiente para exigir la dimisión de un político y su linchamiento moral; por el contrario, desobedecer al Tribunal Constitucional, derogar la Constitución y el Estatuto de Autonomía, dictar resoluciones ilegales y amenazar a todos los ciudadanos con obligarles a cumplirlas constituye el principal mérito para ser presidente de la Generalidad.

Los que dan un golpe de Estado son demócratas que se someten a un mandato popular (¿qué mandato?) y los que impiden la consumación del golpe son los golpistas.

Los que queman neumáticos en las carreteras y autopistas para secuestrar durante horas a miles de ciudadanos impidiéndoles circular, los que arrojan basura, botellas y mobiliario a los policías, incendian contenedores y asaltan edificios públicos son sencillamente manifestantes pacifistas.

Las agresiones a unas jóvenes activistas de la Selección Española de Fútbol, la foto de Albert Rivera con una bala en la frente; el muñeco que representa a Albiol quemado en unas fiestas populares de Badalona, las sedes de los partidos constitucionalistas atacadas con pintadas amenazantes, rotura de cristales e incluso con excrementos, el acoso a los jóvenes de SCC en la Universidad Autónoma de Barcelona…, todo eso no es más que libertad de expresión o, como mucho, hechos aislados, sin mayor importancia, apenas mencionados en los medios de comunicación del régimen nacionalcatalanista.

Pero, eso sí, las contadas ocasiones en que otros ultras de signo contrario han protagonizado desmanes tienen, según Catalunya Radio, atemorizada a toda Cataluña, hasta el punto de que los catalanes salimos a la calle atemorizados ante el riesgo de ser agredidos por las hordas “españolistas”, y, por lo tanto, “fascistas” que recorren Cataluña.

Los que se manifiestan por el derecho a decidir y a favor del separatismo son ciudadanos ejemplares que “no han tirado ni un papel al suelo” (sic), a pesar del dinero público que ha costado limpiar la cera con que ensuciaron el pavimento de la Diagonal; ciudadanos pacíficos, a pesar de ir de la mano de Otegui y exmiembros de Terra LLiure. No importa que, paralelamente o al finalizar sus manifestaciones de coros y danzas, se quemen banderas españolas y fotos del rey y se increpe y agreda a todo aquel que ose pasar por su lado con una bandera española.

En cambio, las manifestaciones constitucionalistas están siempre impregnadas de violencia porque resulta que entre cientos de miles de banderas apareció una inconstitucional (y esto lo dicen los que han hecho de la “estelada” su estandarte) o porque hubo una pelea entre ultras de equipos futbolísticos contrarios al acabar la manifestación del 12 de octubre.

Los que protagonizaron los actos violentos en la sede Blanquerna de la Generalidad han de ser condenados a 30 años de prisión, pero los líderes del golpe de Estado y los miembros de los CDR son héroes del pacifismo que no han de permanecer ni un solo día encarcelados.

En fin, podría seguir enumerando ejemplos y más ejemplos del mundo al revés construido por la propaganda nacionalista, pero no quiero cansar más al lector y finalizo añadiendo únicamente una breve reflexión: solo deshaciéndonos de la mordaza que durante tanto tiempo nos ha silenciado, solo haciendo oír nuestra voz hasta la extenuación, solo dando la réplica continua e incansablemente a los que detentan el poder absoluto en los medios de comunicación de Cataluña y parte de España, conseguiremos desmontar ese discurso perverso que nos asfixia.

Que la fuerza nos acompañe.

Dolores Agenjo, 14 de abril de 2018

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