¿Por qué no declara ya la independencia, señor Puigdemont?

De los inventores de los referéndums con urnas de plástico y de la proclamación de independencia suspendida casi antes de ser proclamada, llegan las convocatorias de elecciones que no se convocan, los debates en los que no se debate y las declaraciones en las que no se declara nada.

¡Basta ya, señor Puigdemont! Si tan claro es su “mandato democrático”, deje de reírse de nosotros y de sus votantes, deje de temblar y proclame de una vez la dichosa independencia. Eso sí. Acepte después las consecuencias de sus actos. No se puede ser un revolucionario sin arriesgar, ni un líder sin decidir.

¿No era tan fabulosa la independencia? ¿No era tan fantástica? ¿No íbamos a ser el país más rico, la envidia de Europa? ¿No era España un lastre para nosotros? ¿No era la única salida para un “nació històrica”? ¿No nos estaba mirando todo el mundo? ¿No estaba la comunidad internacional esperando para recibirnos con los brazos abiertos?

Entonces, ¿por qué se achanta? ¿Por qué agacha la cabeza?

No me lo diga, ya se lo digo yo. No lo hace porque todo es una gran mentira. Sí, una mentira.

No hay ningún mandato democrático para la independencia, porque, por no tener, ni siquiera tiene una mayoría en votos en el Parlament de Catalunya. El referéndum no ha sido ni “referéndum” ni “democrático”, porque no es legal ni tiene las mínimas garantías democráticas y porque ha sido organizado, convocado y controlado por una parte interesada. Sin procedimiento democrático no hay mandato democrático que valga.

La independencia no es ni fabulosa ni fantástica. Solo empezar a percibirse un halo de declaración de independencia, las empresas han huido en masa, los catalanes han empezado a abrir cuentas bancarias en el resto de España e incluso sus propios diputados han empezado a protestar.

Sin empresas punteras y sin dinero, no vamos a ser más ricos y en Europa no nos envidia nadie. Ni tan siquiera los lombardos, ni los venecianos, ni los escoceses, ni los vascos, ni ninguna de las regiones en las que hay movimientos nacionalistas como el suyo. Es más, me atrevería a decir que su “proceso” ha vacunado a sus políticos de cometer semejantes majaderías.

Cataluña no es ninguna nación “histórica”. O, como mínimo, no lo es separada de Aragón. Quizás sí para historiadores como Cucurull, que creen que Cervantes se llamaba Cirvent y que Amerigho Vespucci (conocido vulgarmente como Américo Vespucio) era en realidad Amèric Despuig. Pero, por mucho que lo pongan en los libros de historia (que algunos hemos estudiado en la ESO) no existió tal Corona Catalano-Aragonesa. Y nadie nos arrebató la independencia en 1714, pues Casanovas pretendía proteger Barcelona de los Borbones (franceses) y lo que pidió a sus conciudadanos en el bando que hizo poco antes de capitular fue “derramar gloriosamente su sangre y su vida por su Rey, por su honor, por la Patria y por la libertad de toda España”.

Algo de lo que dice es cierto. Todo el mundo nos mira, pero no con admiración, sino con cierta consternación. Estos días el Wall Street Journal hablaba de “farsa” y “Le Monde” denunciaba la parcialidad con que su televisión nos intenta desinformar a todos los catalanes. Damos pena, señor Puidemont, y más cuando la respuesta a la huida masiva de empresas (por parte de nuestro Conseller de Economía) es: “ja tornaran”.

En definitiva, nadie nos espera. Después de la independencia no hay confeti, ni ganchitos, hay caída del PIB, pobreza, aislamiento internacional y huida masiva de empresas, dinero y trabajadores.

Y es por eso que no ha declarado la independencia. Porque lo único que es usted es un gran mentiroso. Muy mentiroso. Tanto, que ni usted mismo se cree las patochadas que dice. Si se las creyera, ya habría proclamado la independencia.

@llaquetm

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