Manifestarnos para reconocernos libres, votar para serlo

“Ella con 12 años calzaba zapatos por primera vez. Sus pies conocían bien las piedras de los caminos, las arenas de las playas donde buscaba marisco para vender. En una de esas playas de Arousa enseño a su hijo, 25 años después, como diferentes los agujeritos en la arena, respiradero del marisco en la bajamar, eran diferentes según el animal que estaba enterrado en ella”.

“Él, 17 años trabajando desde niño, sin escuela, analfabeto, en el último pueblo berciano de León. Reclutado por la Falange hizo la guerra sin saber bien que defendía mas allá de lo que le dijeron de la patria y el peligro que esta corría. Con 5 años más, los dos se conocieron, ella sirviendo en Santiago, él operación tras operación, recuperándose de unas terribles heridas que había recibido en una pierna”.

“Dos años más tarde intentaron hacer vida juntos y fueron al pueblo de León. Trabajaron de sol a sol sin siquiera evitar hambre y necesidades. Decidieron irse, ella volvió a servir en Barcelona, él un poco más tarde se le reunió y entonces con lo que había aprendido en el hospital, leer, escribir y las cuatro reglas, al cabo de un tiempo empezó a trabajar en Tranvías de Barcelona”.

“Llegaron los hijos, una niña concebida entre carencias alimenticias y de salud que se malogró sin conocer el año. Luego un niño que contra pronóstico sobrevivió, luego una niña años después”.

“El muchacho fue a escuela en manos de curas, hombres de sotana oscura y algunos de negra alma. Maltrataban a los niños, los “domaron” o quisieron domar a golpes a los más libres y menos sumisos. En algunos dejaron huella durante buena parte de su vida”.

“Supieron de solidaridad, de humildad y de lucha por sus padres que mejoraron con esfuerzo, su dura vida en Cataluña, lugar donde nadie regaló nada a los que como ellos vinieron de lugares más pobres. Nunca la llegaron a sentir totalmente suya, muchos se encargaron de recordarles “su puesto” hasta con la infamia de llamarlos “inmigrantes””.

“Yo, el muchacho, trabajé desde niño, en cuanto tuve 14 años. Podía seguir estudiando, pero al ver trabajar tanto a mis padres, quise ayudarlos. Trabajos durante el día, algunos duros, estudios por la noche. Cambié de empleos y también de estudios. No era disciplinado, sí algo imaginativo y tenía un fondo de rebeldía que los curas no habían acabado de cercenar con sus malos tratos. Nueve empleos en 6 años luego la mili en destino de castigo, militancia diversa antes y después. Huido de misa diaria del colegio y abandonadas fes, en la política entonces precisaba ser muy creyente y poco libre”.

“Trabajé por mi cuenta, conocí gente interesante, me integré en la cultura de esta tierra, tuve como amigos a personas que me ayudaron, abrace riesgos para progresar socialmente con mucho esfuerzo y trabajo. Derrotas y éxitos. Intenté no perder lejanía con los humildes, y fui activo en política en lo que creí postulados de la izquierda. Pasé de desengaño en desengaño adquiriendo a la vez cierta tolerancia, incluso para la estupidez humana”.

“Pronto empecé a sentirme molesto con los que se sentían dueños y señores de esta tierra. Y empecé a tener enfrentamiento con los que se adjudicaban ser “nacionalistas”. Llegue a la conclusión que izquierda, o talante progresista, no casaba con esa visión restrictiva del mundo”.

“El tiempo creo me da la razón. Quitadas las caretas ha aparecido lo más horrible de esta ideología, la intolerancia y el supremacismo. Sí como aquí coincide con estados de “explosión de ignorancia” nos lleva a la mala salud mental colectiva y a fascismos en busca de patrias. Frustración, complejos e incapacidad de respuesta””.

Lo miré afectado por lo que este hombre mayor, entrando en la setentena, me decía. Íbamos juntos a cabo de un rato a la manifestación. Antes un café. Entonces amigo, ¿Qué hacemos?

“Yo poco, estoy más cerca de la muerte que de retos futuros. No creo en milagros, pero sí en la sensatez de algunos para paliar males mayores. Nos han hundido y humillado y seguirán haciéndolo si se les deja. Los nacionalistas no precisan argumentos solo sentir o fingir que sienten. A las personas nos preocupa ser queridos, sentirnos útiles. Y no todos sabemos querer y contentarnos por ello. No todos sabemos ser, en lugar de hacer. Y nos manipulan, los corruptos de todo tipo, los que mienten sobre nosotros, sobre el ayer y el hoy, los que anteponen sus intereses personales a cualquier interés social”.

“Bien, ahora vamos a la manifestación. Mañana a trabajar para que, en poco tiempo, nadie como tu o yo quede en su casa y no vote. Nos conviene ganarles, es necesario. Por nosotros, por nuestros padres, por los hijos. Por Cataluña”.

José Luis Vergara. 29 octubre 2017

no recibe subvenciones de la Generalitat de Catalunya ni de otros organismos públicos.
Si quieres leer nuestras noticias necesitamos tu apoyo.

DONA

Recibe las noticias de elCatalán.es en tu correo