“Los sucesos de Barcelona y de Cambrils van a marcar un antes y un después en la crisis independentista”

El diario francés Le Figaro publicó hace unos días un análisis del hispanista Benoit Pellistrandi sobre los atentados de Barcelona y Cambrils y los efectos que pueden tener en el secesionismo catalán, que reproducimos traducido por su gran interés. En esta pieza el autor destaca que “el análisis geopolítico de estos atentados no debe ignorar la coyuntura tan particular en la que se producen. En efecto, nunca las relaciones entre las autoridades catalanas de Barcelona y las españolas de Madrid, han estado deterioradas hasta tal punto por el proyecto independentista”.

ATENTADO DE BARCELONA: ¿CUAL PUEDE SER SU IMPACTO SOBRE EL INDEPENDENTISMO CATALÁN?

Golpeados y magullados, los españoles tienen que enfrentase al retorno en su suelo del terrorismo yihadista que les había atacado tan dolorosamente el 11 de marzo de 2004 en Madrid (192 muertos y 1.900 heridos). A pesar de que las fuerzas de seguridad españolas hayan desactivado un número considerable de atentados en proyecto, a pesar de que desde 2012 más de 150 operaciones han conducido al arresto de cerca de 220 activistas radicales, el doble atentado de Barcelona y Cambrils recuerda que ningún país, que ninguna sociedad está exenta de la amenaza terrorista. Barcelona es una ciudad de relevancia mundial y golpearla en su corazón constituye la manifestación de la capacidad para irritar de esta hidra terrorista que se esconde en el interior mismo de las sociedades europeas.

El análisis geopolítico de estos atentados no debe ignorar la coyuntura tan particular en la que se producen. En efecto, nunca las relaciones entre las autoridades catalanas de Barcelona y las españolas de Madrid, han estado deterioradas hasta tal punto por el proyecto independentista. La imagen de Felipe VI rodeado del Presidente del Gobierno español Mariano Rajoy y del Presidente de la Generalitat de Cataluña Carles Puigdemont, en la plaza de Cataluña, durante el homenaje a las víctimas, constituye un viraje de la crisis catalana. ¡Qué catástrofe que tal imagen derive de un ataque terrorista! Y, sin embargo, ¡qué alivio que estos gestos sean todavía posibles! La alcaldía de Barcelona, en manos de Ada Colau, perteneciente a la izquierda radical, en 2015 retiró el busto de Juan Carlos de su Salón de Plenos y se niega a colgar ahí una foto oficial del Rey de España. Cuando se conoce hasta qué punto son capaces de transcurrir las mezquindades independentistas, se calcula mejor la fuerza simbólica de esta imagen del 18 de agosto de 2017.

BARCELONA Y CATALUÑA TENÍAN QUE SER LA SUIZA DEL MEDITERRÁNEO. NEUTRA Y ACOGEDORA, PROTEGIDA DE LAS SACUDIDAS GEOPÓLITICAS DEL MUNDO. EL TERRORISMO YUHADISTA ACABA DE DESTRUIR ESTA ILUSIÓN.

En julio, el Presidente catalán ha cesado a su “ministro” (consejero) de Interior a petición de la izquierda ultra radical de la CUP porque no estaba suficientemente implicado en el proceso independentista. Incluso, el Jefe de los Mossos de Esquadra (la policía autonómica catalana) había sido destituido porque había declarado su voluntad de respetar la Constitución y rechazaba garantizar la realización del referéndum ilegal del 1 de octubre próximo. La administración catalana ha sido toda ella férreamente movilizada contra Madrid bajo la orden de los elegidos. Y, vaya por dónde, se encuentra ahora abocada a un principio de realidad: Todo no gira alrededor de este objetivo.

Al mismo tiempo, el discurso sobre la singularidad catalana se desvanece. Barcelona y Cataluña tenían que ser la Suiza del Mediterráneo. Neutra y acogedora, estaría protegida de las grandes sacudidas geopolíticas del mundo actual. El terrorismo yihadista acaba de destruir esta ilusión. Cataluña, española o no, permanece como una realidad occidental y es odiosa en tanto que occidental. Por soñar demasiado en esa Cataluña, se olvida la verdadera Cataluña.

La Generalitat de Cataluña y su Presidente Carles Puigdemont van a tener que estar a la altura de las circunstancias, como las autoridades españolas (pero de este lado, los gestos ya han sido claros y certeros). Si la lucha contra el terrorismo pasa por la defensa del Estado de Derecho, será necesario que la Constitución de 1978 y los derechos y obligaciones que ella establece a las autoridades políticas catalanas, sean también respetados. La violencia del 17 de agosto recuerda que la democracia debe construirse permanentemente y que intentar imponer las ideas violando las reglas debilita la misma defensa de la democracia. Aliándose con los radicales de la Candidatura d’Unitat Popular (CUP), un movimiento de inspiración bolchevique, los nacionalistas moderados han firmado un pacto con el diablo. Las amenazas contra los turistas proferidas a lo largo de todo el verano no han sido la causa de los atentados: no importa, crean un clima bronco donde el nacionalismo se impone a todos y por encima de todo (a final de agosto un autocar de turistas ha sido atacado por militantes de la CUP en Barcelona). Al Presidente Puigdemont le urge clarificar sus alianzas. La violencia no puede ser condenada de un lado e instrumentalizada del otro.

Más allá de la lucha global contra el terrorismo, los sucesos de Barcelona y de Cambrils van a marcar un antes y un después en la crisis independentista. Ello constituirá, sin duda, la consecuencia más inmediata de estos atentados. De un mal puede surgir un bien cuando las autoridades políticas se acuerdan de que sirven al bien común y no a quimeras nacionalistas radicales.

Benoït Pellistrandi.

LE FIGARO

18 de agosto de 2017

 

 

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