Los bufones del procés

La construcción de un relato histórico de una nación que no existe pasa, inevitablemente, por recurrir a la imaginación, a la invención o, directamente, a la ciencia ficción. Y, por desgracia, en Cataluña en pleno siglo XXI, en una sociedad que debería ser madura intelectualmente, unos cuantos recurren a construir relatos de ciencia ficción, camuflados bajo el nombre de “Institut Nova Història”.

Estos mal llamados “historiadores” presentan cierta confusión entre realidad y ficción. En nombre de la verdadera Historia (esa que debe estar en manos de historiadores que han demostrado sus dotes científicas y no novelísticas) perciben suculentas cantidades por imaginar, falsear o inventarse un pasado mitológico catalán, aunque eso sí, siempre con un componente gracioso y chistoso, que se agradece en este momento políticamente tan convulso. Por supuesto, su trabajo responde a unas necesidades ideológicas: la creación de una mitología catalana, con sus dioses, sus héroes, su pasado glorioso para que el “poble català” pueda sentirse satisfecho de su historia y de los tiempos mejores.

Más de ciento y pico euros, algunos unos trescientos, cobran en cada conferencia por contar historias divertidas como la de nuestro Colón catalán; nuestro Américo Despuig; nuestras montañas de Montserrat detrás de la Gioconda; el don de la ubicuidad de Juan II de Aragón (el de Castilla no existió, era el mismo); Carlos V no se retiró a Yuste, se fue a Badalona; el Quijote fue una traducción del catalán; la bandera de Estados Unidos se inspiró en la catalana; Santa Teresa de Jesús, sor Inés de la Cruz, Miguel Servet y un sinfín de intelectuales de todos los tiempos fueron catalanes, además de papas, reyes y emperadores. Me sorprende todavía que no hayan encontrado la catalanidad de Adán, supongo que debe ser un proyecto para un futuro cercano y de ahí seguramente se darán cuenta de que Eva, la manzana y la serpiente procedían de Castilla.

A pesar de que sus teorías son grotescas, cumplen con un papel muy necesario en tiempos de hastío generalizado, de mucho cansancio y de cierta agonía por volver a una normalidad política que ya hemos olvidado. Son los bufones del “procés”. Todos aquellos que escuchan atentamente sus historietas se sienten distraídos y sueñan durante un rato con un tiempo glorioso que seguro debe estar marcado en nuestra genética catalana. Los que no nos creemos absolutamente nada, nos reímos bastante con tantas ocurrencias y sirve para alguna conversación chistosa en algún café. Por tanto, se mire por donde se mire, el papel de bufones lo cumplen con creces, aunque la remuneración resulte bastante elevada por tratarse de una mera distracción en tiempos críticos.

Pero, ¿quién sería capaz de inventarse una pasado nuevo, y además con mucha épica, sin ninguna gratificación económica de por medio? Los que viven por y para “el procés”, desde luego que no. Ahí está el sentido de todo esto. Mientras, paradójicamente, los historiadores, que no gozan de un futuro profesional prometedor, suelen investigar durante meses gratis et amore, cumpliendo siempre con el rigor y la seriedad profesional.

Por desgracia para todos aquellos gratificados por el “procés”, los buenos tiempos van a terminar. Ahora comienza la recuperación de nuestra identidad catalana real, la plural; los bufones van a terminar por ocupar el lugar que les corresponde. Y los historiadores, los de verdad, los que velan por el rigor y la sensatez, volverán a ser considerados lo que deben ser.

 

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