Liderar, gobernar, mandar en momentos de crisis

Los atentados de ayer en Barcelona y en Cambrils nos han deparado imágenes y declaraciones que merecen reflexión y opinión ahora todavía frescas en la memoria. Mi respeto por todos los asesinados su familia y amigos y por las dos ciudades castigadas va por delante. El pesar por las muertes debidas a los barbaros y las necesarias respuestas, nos debe hacer más exigentes con nuestros gobernantes y sus actos, en tan difíciles momentos.

El jueves se dio la comparecencia pública conjunta del presidente de la Generalitat Carles Puigdemont, del vicepresidente Oriol Junqueras y de la alcaldesa de Barcelona Ada Colau. Los tres elegidos democráticamente para esos cargos y por tanto para gobernarnos en la comunidad y ayuntamiento. Era una comparecencia obviamente esperada y necesaria, horas después de que en la capital de Cataluña actos criminales habían segado la vida de 14 personas y causado heridas a unas 100. Y creado una sensación de temor y desconcierto en millones. Los asesinados o heridos eran de diferentes nacionalidades, unas 20.

Sobre la comparecencia, motivo de estas líneas, tengo una triste sensación de que fue un acto sinsentido, donde se explicitaron la mediocridad, cuando no la miserabilidad, de los tres. La insultante actitud del presidente que citó expresamente atentados en diversas capitales europeas y obvió al atentado más sangriento en Europa, en Madrid en 11 marzo de 2004 con 192 fallecidos y unos 2.000 heridos, que apeló a la unidad de las instituciones después de años de encontronazos, y que uso solo la lengua catalana como si hasta las victimas quisiera nacionalizar, tuvo complemento en la triste intervención de la alcaldesa que como él destacó como fundamental en su discurso el “agradecimiento a la gente y su magnífico comportamiento” a la vez que farfullaron más que remarcaron, el papel de la policía o policías. El papel de esfinge pétrea le sienta bien a Junqueras. ¿Para qué estaba allí?

Es decir, hicieron todo menos lo que debían de hacer. ¿Que se espera de un mandatario en un momento de crisis profunda como ayer? Me parece que tocaba actuar con decisión y decir que estaba pasando, como se estaba actuando, dar datos de quien toma el mando y que hará (obviamente lo que se puede decir), de pedir la ayuda de la ciudadanía, de decirnos que hay que vencer el miedo pero estar en alerta, que el terrorismo de un determinado signo no debe usarse para criminalizar a grupos étnicos o religiosos generalizando, que el odio no deja pensar, que hay que razonar y tener la cabeza fría y sobre todo que en estos momentos incidir en el enfrentamiento político no es recomendable y que nos moderemos y que podemos como sociedad y con los medios que el Estado de derecho pone a disposición, hacer frente a los criminales a los que no les asiste razón alguna para matar indiscriminadamente.

En aquellas horas seguir algunas de las estupideces que se decían en las redes sociales era preocupante y creo que rozaba lo delictivo. Odio que se destilaba a borbotones, posiblemente el afloramiento de tanta frustración y rencor acumulado por años de enfrentamiento provocados interesadamente. Un absurda explosión de ignorancia y desprecio que da miedo, posiblemente síntomas de enfermedad social.

Era por tanto buen momento para ejercer el mando, el liderazgo, explicitar que gobiernan porque para ello ocupan un puesto político y de gobernanza. Y obviar esta actitud beatifica de dar las gracias a la gente por su comportamiento cuando precisamente es la gente la que sabe que hacer y comportarse y estaban ayudando en su medida dando su sangre, acompañando a las víctimas y ayudando a los cientos de personas aterrorizadas.

Lo que la gente no sabemos es si algunas cosas se pueden, deben o conviene hacerlas, por ejemplo, si es bueno reunirse o manifestarse en espacio público o bien solo atender las convocatorias oficiales y normalmente vigiladas y protegidas, es un dato importante. Muchos no sabemos cómo ayudar o colaborar.

Y sobre todo es fundamental establecer una logística de comunicación, facilitar continua información, que sepa como se siguen las actuaciones policiales de inteligencia y de recepción de colaboración ciudadana.

Paralelamente a esta crítica por la actitud de nuestros gobernantes, a la preocupante percepción de que no tienen el fuste para afrontar temas serios, aparecen otros datos que precisan esclarecerse sin demora. Un sucinto repaso a las hemerotecas en los últimos meses y especialmente a partir de noviembre de 2016, cuando se elevó la alerta por ataques terroristas al grado máximo en las fuerzas de seguridad y que cualquier policía puede explicar en función de las ordenes y consejos recibidos entonces y posteriormente, nos facilita informaciones conflictivas entre recomendaciones ministeriales y de seguridad y opiniones adversas explicitas entre cuerpos de seguridad de Cataluña.

Se tendrá que explicar porque los Mossos o sus responsables manifestaron su desacuerdo en las directrices del Ministerio de Interior sobre protección de multitudes (El Periódico 2016.12.21) o porque en el Ayuntamiento de Barcelona se han reducido secciones especiales de información en la policía local, la no aceptación o toma en consideración de directrices desde la seguridad del Estado, o la permisividad de actitudes de menosprecio al Ejército que en esta situación seria verosímil verlo patrullando en nuestras calles próximamente, si la situación continua en alerta máxima. Todo esto se puede comprobar fácilmente y debería pedirse explicaciones o averiguar si estos comportamientos han debilitado nuestra protección.

Ayer mismo un cargo del Diplocat se preocupaba en rebatir una información periodística en el sentido de que no era policía española, era catalana (Albert Royo Mariné en Twitter corrigiendo a Associated Press). Es un ejemplo de sus prioridades, bien claras ayer en el discurso de Puigdemont y en la presencia vigilante y silente de Junqueras. Y asumida por la cariacontecida alcaldesa, generosa en retorica hueca para la ciudadanía. Dio la sensación, llámenme malpensado, que las palabras fluían más en función de los posibles votos que por servicio ciudadano. ¿Sería esa la clave de la comparecencia?

Muchos pensamos que eso ocupa su tiempo y sus pensamientos, muchos pensamos que por sus actos en esta crisis pierden nuestra confianza si algún resto quedaba, y nos sentimos poco protegidos. Y nos sentimos abandonados por el Gobierno de la Nación, sensación que arrastramos y no debería incrementarse más en tan difíciles momentos. Queremos liderazgo fuerte, gobernanza fiable y que tome el mando para la seguridad quien merezca nuestra confianza.

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