La Vanguardia se ha cubierto de mierda

Las empresas periodísticas tienen todo el derecho del mundo a escoger y a prescindir de sus colaboradores. Pero el despido fulminante de Gregorio Morán no entra dentro de la libertad de contratación, es otra cosa. Forma parte del proyecto secesionista de convertir Cataluña en un foco de pensamiento único, en el que la discrepancia quede reducida a algunos tertulianos de guardia bien controlados por el ‘cinco opinadores separatistas contra uno’ que se práctica en los medios del régimen.

Gregorio Morán es un espíritu libre cuyas ‘sabatinas intempestivas’ se habían convertido en una de las pocas columnas que se podían leer en Cataluña sin sentir demasiada vergüenza ajena. No soy el único que pienso así, personas con una sensibilidad ideológica muy alejada de la mía, como Xavier Rius, el director de e-notícies, compartía conmigo la necesidad de consultar La Vanguardia los sábados. De hecho, había días que servidor cogía este periódico solo para leer la página de Morán.

De la trayectoria de La Vanguardia nada nos puede extrañar. Siempre ha puesto el cazo hacia el poder de turno. La conversión del separatismo en una opción “razonable”, o mejor dicho su paso a la “normalidad” para las capas biempensantes de la burguesía catalana, es responsabilidad de personajes como José Antich y Enric Juliana desde las páginas del rotativo de los Godó. Durante la época de la crisis que azotó con crudeza a toda la prensa española, que coincidió con el giro secesionista de Artur Mas, la Generalitat fue muy generosa con este grupo periodístico. Casualidades de la vida.

Mientras Francesc-Marc Álvaro o Pilar Rahola nos ofrecen diariamente, sin cortapisas, su ración de bilis antiespañola y liberticida a Gregorio Morán le han cortado la cabeza. La Vanguardia se ha llenado, literalmente, de mierda, de oprobio, por haber eliminado a una de las pocas voces discrepantes que escribían en su medio. Curiosamente en junio buena parte de los columnistas más radicalmente separatistas de este diario aprovecharon una polémica literaria para insultar a Morán.

Semanas después los responsables del diario le han despedido de una manera miserable. Mandando un burofax. Treinta años de colaboración en La Vanguardia para que un gerente te despache mandándote un papelito. Esta es la miseria en la que ha caído el “grande de España” llamado Conde de Godó. No cabe mayor indignidad en alguien que se dice “noble”.

En los cerca de treinta años que Morán ha escrito en La Vanguardia le he leído columnas de una crudeza infinita contra la corrupción del PP y el PSOE. Y ha resistido. Al final quienes han acabado con esta voz libre ha sido la corrupción moral pujolista encarnada en los propagandistas del separatismo. Las cosas van mal en Cataluña. Pero el despido de Morán es un claro aviso para navegantes: quien se mueva, no saldrá en la foto, y le condenaremos a la miseria profesional y al hambre.

Ojalá Morán encuentre acomodo en otro medio en el que pueda ofrecernos su voz libre. Y a los que han provocado su caída, mi más profundo desprecio.


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