“La última vez que voto”
Empieza a ser una cantinela que ya me sorprende.
Es bastante común escuchar, en mi círculo familiar y de amistades, algo tan contundente como eso de que: “Tras estas elecciones es posible que sea la última vez que vote”.
Algo sorprendente cuando se trata de gente que es muy crítica con el abstencionismo y que lleva toda su vida, sin falta, participando en las convocatorias electorales.
La razón de ese pesimismo no es otro que la pérdida de sentido por ir a votar sí, como informa Tezanos, tras dedicar con interés un rato para ello, esperanzados en la mejoría y el bien nacional, tras el recuento se hace evidente y realista la expectativa gris de una victoria del aviador y, por extensión, de sus amigotes del populismo palaciego y socios separatistas, cuyas únicas ansias son cambiar España o romperla.
Puedo entender que, ante la previsión de tal frustración, dinamitada la ilusión por sacar del poder al denigrante sanchismo, uno tire la toalla definitivamente.
No deja de ser indigerible para muchos que, a pesar de la situación que vivimos como nación y los riesgos en los que nos encontramos, en gran medida por su culpa, el resultado de la jornada electoral nos aboque a una reedición de la rendición de Sánchez ante el separatismo.
El esfuerzo desmesurado que tiene durante este periodo de campaña, intentando eludir la correlación de su candidatura con el apoyo inevitable de los podemitas de Galapagar y los golpistas de Lledoners, suena a chiste.
Engañar al electorado aparentando que va a ser consecuente con la defensa constitucional de la nación, visto lo visto en su etapa anterior, realmente da bastante que pensar.
Confío que se entienda por parte del electorado que, con toda esa verborrea, lo único que pretende es captar votos… ingenuos.
Convendría, ante la manipulación patriótica que pretende, recordarle que tiene en su agenda términos inaceptables como indulto, referéndum, o cesiones y concesiones a la carta. Cosas que solo sacaría a la luz pasada su indeseable investidura. Es importante recordarlo y que se tenga en cuenta. Ya nos la ha colado antes y ya lo conocemos.
Confiemos en que impere la razón, los cantos de sirena no se escuchen y el electorado elija de forma que se saque del poder al, sin duda, peor presidente que hemos tenido.
Hagamos que pase.
Javier Megino
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