La ‘tregua trampa’ de Puigdemont

Carles Puigdemont tenía el ‘momentum’. Un relato basado en la exageración y el victimismo por las cargas policiales del 1 de octubre, que aunque se produjeron por la deslealtad de los Mossos d’Esquadra, les proporcionaron las fotografías que querían vender a la opinión pública internacional.

También tenía a todo el secesionismo unido en otro día histórico, el que un sector minoritario, pero significativo, de la sociedad catalana deseaba: la proclamación de Cataluña como Estado independiente. Pero ha dejado pasar ese momento con la suspensión de los efectos de la Declaración Unilateral de Independencia, y la CUP se revolverá contra ellos.

Es el fin de la unidad de acción secesionista. Arran ya ha definido la conducta de Puigdemont como una “traición”, y muchos de los separatistas congregados en los alrededores del Parlament, algunos de ellos con tractor, se fueron desilusionados, con cara de que les habían tomado el pelo.

Además ni eran tantos, ni estaban tan ilusionados. Había más caras de preocupación que ilusión, que tras el anuncio del ‘president’ se tornaron en rostros desolados. No será fácil que Puigdemont consiga la unanimidad que tenía entre el soberanismo hasta antes de su declaración en diferido en la cámara autonómica.

Pero también hay que tener en cuenta que el PdeCAT y ERC siguen con su tacticismo, y han preferido el riesgo de romper con la CUP a cambio de ganar tiempo. La tregua de quince días que ofrece Puigdemont es en realidad un “tregua trampa”, porque teóricamente le pasa la patata a Mariano Rajoy, para que un sector de la opinión pública catalana, española e internacional piense que le toca al Gobierno de España mover ficha.

Pero Rajoy no puede “mover” nada porque el Gobierno de la Generalitat sigue fuera de la ley, al no haberse reintegrado de nuevo en el marco constitucional renunciando a todas las leyes inconstitucionales que aprobaron. Rajoy no puede “negociar” con la Generalitat como si fuera una transacción entre iguales. La soberanía sigue residiendo en el pueblo español en su conjunto, del que los catalanes solo son una parte.

Puigdemont no ha cedido en nada, porque sigue instalado en la ilegalidad y está vendiendo que ellos “han cedido” al no haber proclamado la independencia ya, y que si nada se mueve será por la intolerancia de Rajoy. Falso, porque el Gobierno catalán no tiene voluntad de renunciar a nada, solo intenta engañar para dividir a la sociedad española y, sobre todo, la unidad constitucionalista ante el desafío secesionista.

El PSOE no ha de caer en esta trampa y ha de mantener su apoyo al Gobierno en las acciones que deba tomar respecto al Gobierno catalán mientras siga fuera de la ley y no retorne al marco constitucional. Y Cs bien hará en mantener su actual firmeza en el apoyo al Ejecutivo de Mariano Rajoy.

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3 Comentarios

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