La inmersión lingüística vulnera las directrices de la Unesco

Sede de la Unesco

Desde hace años, la Generalitat parece haber condenado al ostracismo el término lengua materna. Primero, dejó de utilizarlo en los formularios de inscripción escolar. Allí donde antes se preguntaba a los padres por la lengua materna de sus hijos, ahora se les inquiere por su “lengua habitual” o “lengua inicial”. Luego, los políticos nacionalistas abandonaron paulatinamente su uso al abordar cuestiones lingüísticas. ¿A qué se debe esta omisión?

La ex consellera de Educación, Irene Rigau, lo justificaba en 2016 argumentando que la “lengua materna” era un concepto “superado” que había ido desapareciendo del “vocabulario pedagógico”. Sin embargo, otros sospechan que el término desagrada al Govern porque choca con sus intereses. El motivo es que la educación en la lengua materna es un derecho reconocido por la Unesco. Y, dado que la mayoría de los catalanes tiene por lengua materna el castellano, aplicar tal derecho supondría cancelar el actual sistema de inmersión obligatoria en catalán.

Al margen de los intereses del gobierno catalán, la Unesco lleva promoviendo  la enseñanza en el idioma materno desde 1953. Sus razones son que la lengua natal facilita el aprendizaje y, al mismo tiempo, respeta los derechos lingüísticos del infante. A este respecto, su informe Educación en un mundo plurilingüe destaca que la “lengua no solo es un instrumento de comunicación, sino un atributo fundamental de la identidad cultural”, y recuerda que el respeto a las distintos idiomas de un territorio es “esencial para la convivencia”.

Para garantizar dichos derechos, la organización de Naciones Unidas, que desde hace 20 años celebra el Día Internacional de la Lengua Materna,  apuesta por un sistema educativo trilingüe. Éste debe incluir la lengua materna, una lengua regional o nacional; y una lengua internacional. En este sentido, las recomendaciones de la Unesco chocan frontalmente con las tesis lingüísticas defendidas por los nacionalistas catalanes, que rechazaron hace un par de años el trilingüismo escolar propuesto por Ciudadanos tildándolo de modelo “caduco”.

Los valedores de la Escola Catalana alegan que la directiva de la Unesco no contradice su sistema porque el objetivo de la entidad es la protección de las lenguas minoritarias, lo que excluye al castellano. No obstante, esa lectura no se ajusta a la realidad. La Unesco especifica en el informe antes citado que deben respetarse los derechos lingüísticos tanto de los “grupos mayoritarios como de las minorías”. Sobre este punto, aclaran que pueden ser objeto de discriminación “grupos no pertenecientes a las élites o subordinados, constituyan estos una mayoría o una minoría numérica en relación con otro grupo política y socialmente dominante”.

Por otra parte, la organización precisa que no basta con que el idioma materno se enseñe a través de una asignatura, sino que tiene que ser vehicular: “Se debe combinar a la vez la enseñanza de la lengua materna y la enseñanza mediante esta lengua”. A tenor de ésta y demás directrices, parece claro que el modelo vigente en Cataluña, donde solo una de sus dos lenguas oficiales es vehicular, contraviene los derechos lingüísticos que establece la Unesco.

La lingüista Merçè Vilarrubias va más allá: “La inmersión no solo es contraria a los principios de la Unesco, sino también a lo que defiende Unicef, la Unión Europea, y la propia jurisprudencia española, que establece que al menos el 25% de las clases deberían impartirse en castellano”. Según Vilarrubias, autora del ensayo Sumar y no restar. Razones para introducir una educación bilingüe en Cataluña, la promoción de una lengua cooficial “no significa excluir a otra, el español, que, además de oficial, también es mayoritaria”.

La experta explica que dicha exclusión, además de violar derechos lingüísticos, permite que los alumnos aprendan “un español coloquial, pero no un registro más culto”. A su juicio, se ha llegado a esta situación porque “muchos obvian que la diversidad lingüística incluye a todas las lenguas”. “Si España es un país plurilingüe”, aclara, “no es solo porque en él se hable catalán, gallego y vasco; sino porque se habla catalán, gallego, vasco y español”.

Por Óscar Benítez


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