La hora de la tercera vía y más allá

Tras el fracaso previsto y anunciado del frente conformado por el secesionismo rupturista, han empezado a cobrar presencia pública, cada vez con más fuerza y coordinación, influyentes grupos de presión –ahora conocidos como lobbies–, adscritos, según declaraciones de sus propios miembros, a la tercera vía, practicantes avezados de lo que he llamado “envolvente catalana”.

De momento, esa presencia se viene manifestando en forma de movimientos de aproximación y contacto con la realidad política y social de su futuro campo de acción y expansión, sin desdeñar, claro está, las maniobras de tanteo y toma de posición y/o posiciones.

Entre los miembros de tales grupos suele haber algún político vitalicio, más tránsfuga que transversal, varios defensores de la economía de mercado en su modalidad liberal progresista e incluso socialdemócrata. Pero el núcleo duro corresponde, por lo general, a juristas acreditados como estudiosos de nuestra Constitución, que se mueven en el ámbito de la política o, al menos, en sus zonas aledañas. Políticos de prestigio, economistas de prestigio, juristas de prestigio. Pocos y selectos. Eso es un lobby.

El programa de trabajo y la hoja de ruta les vienen dados con el encargo por sus comitentes, como les vienen dados o, más exactamente, impuestos los objetivos estratégicos. Los lobistas deciden, a lo sumo, sobre la adopción o no adopción de medidas tácticas concretas, necesariamente parciales y siempre supervisadas. Para eso los pagan.

Hasta ahora, que yo sepa, los lobbies españoles adscritos a la tercera vía se han declarado defensores del orden constitucional en su primera comparecencia pública, pero, acto seguido, se han apresurado a manifestar su voluntad de diálogo y la conveniencia de encontrar una salida política, dialogada y pactada, a la actual situación institucional o, dicho con sus propias palabras, al conflicto entre Cataluña y España. En resumidas cuentas: equiparación y equidistancia. Equiparación institucional y equidistancia jurídica. A partir de ahí, ni una palabra más sobre el incumplimiento de la Ley y las consecuencias penales de ese incumplimiento. ¿A qué juegan esos juristas?

Pero el viaje no termina ahí. Estamos en la que probablemente será la última estación antes de que el convoy alcance su destino. Está previsto que aquí España ceda, nolens volens, parte de su soberanía y parte de su titularidad como Estado en beneficio de Cataluña, mientras que Madrid tendrá que compartir capitalidad con Barcelona, naturalmente en las mismas condiciones. ¿Y después?

Dicen que después la burguesía catalana, emprendedora en su mentalidad y decimonónica en su origen, como la vasca, iniciará una nueva guerra sucia hasta que consiga imponerse y suplantar a la burguesía castellana, capitalina, monárquica, medieval y otrora parasitaria.

A decir verdad, yo me malicio que las hostilidades se prolongarán hasta que Cataluña, que inicialmente era la parte, culmine su proceso y termine de devorar al todo, que ya no será el todo, ni se llamará España.

Llegados a este punto, cabe preguntarse: ¿cómo es posible que dé para tanto la política de la puta i la Ramoneta?

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