La economía y la izquierda

Se arma mucho lío la izquierda con la economía. Nacida de un discurso racional riguroso (el marxismo, basado en el materialismo filosófico), ha acabado, sin embargo, desnortada, incapaz de encarar la realidad cambiante del capitalismo. No ha salido del reduccionismo de “la lucha de clases”, al que va colocando sucesivas etiquetas (ricos/pobres, casta/pueblo, etc.). Pero ni siquiera esto: puestos a reducir el mundo (la economía, el pensamiento, la moral, la política…, todo) a esa antítesis, vean cómo encabeza el gran acuerdo político la izquierda de los hermanos Picapiedra que nos quiere gobernar: “Después de 7 años de recortes y asfixia de los Gobiernos de Partido Popular (sic), nuestro país ha retrocedido en igualdad de oportunidades, en cohesión social, en libertades y derechos, en calidad democrática y en convivencia”.

Un burdo diagnóstico (recortes, asfixia) y un único culpable (el PP de Rajoy). Ni análisis de estructuras económicas, relaciones de producción y de poder, contradicciones ideológicas, ni nada: el mal en estado puro contenido en unas siglas frente al bien inmaculado encarnado en un gobierno de progreso. Caso omiso, ignorancia supina y lavado con aguarrás de cualquier reflexión sobre la influencia y dependencia de nuestra economía del resto del mundo, de la crisis económica general, de la globalización y demás nimiedades. Pero también, y esto es todavía más elocuente, ausencia de cualquier alusión a la responsabilidad de los gobiernos territoriales, especialmente a la sangría de  Cataluña y el País Vasco, el coste de cuyos privilegios y política de apaciguamiento supera en miles de millones a todos los recortes habidos y por haber.

¿Retroceso en “igualdad de oportunidades”? ¿Se refieren a la “sumisión lingüística”, la obligación de hablar en catalán, gallego o euskera en media España para conseguir un título o un puesto de trabajo? ¿Tienen hoy las mismas oportunidades niños, trabajadores, funcionarios, en cualquier lugar de España? ¿Y el recorte de “libertades y derechos”? ¿Hablan de la Cataluña de los hispanohablantes y no separatistas? La pérdida de “la cohesión social y la convivencia”, ¿la ha provocado Rajoy el consentidor, con su entreguismo, su política fiscal y económica, calco de lo que habría hecho el PSOE, hasta en el aumento del gasto público y la deuda? ¡Pero aquí vienen los libertadores!

El documento presentado como tabla de salvación, es tan inane, tan superfluo y superficial que, ni aun en el supuesto de que se cumpliera al cien por cien, los efectos reales sobre la mayoría de españoles serían tan insignificantes que resultaría insultante el vendérnoslo como cambio ni solución de nada. Pero lo peor de todo es no tener en cuenta los efectos perniciosos que estas medidas puedan producir. Baste el ejemplo de la subida del salario mínimo: ¿se han previsto los efectos sobre la contratación a tiempo parcial de jóvenes, sobre los contratos temporales, sobre la economía sumergida, sobre los autónomos, sobre el aumento correspondiente de las cuotas de la Seguridad Social, etc.? Que el efecto más inmediato sea la subida del sueldo de los cargos de Podemos resulta un sarcasmo. Una medida aislada como ésta sólo sirve para hacer demagogia populista y no encarar los problemas de fondo.

Porque el problema es la indigencia mental, la incapacidad para pensar en verdaderas reformas, y en la cobardía para atajar los problemas en su raíz, el no atreverse a plantar cara a la actual estructura y el funcionamiento del Estado, el despilfarro de las autonomías, el gasto incontrolado de los cien mil chiringuitos que sostiene el Estado, desde organizaciones empresariales, partidos y sindicatos, a organismos públicos y semipúblicos parásitos, al ejército de asesores y enchufados, subvenciones a diestro y siniestro, el sobrecoste de la obra pública, la evasión y el fraude fiscal, el consentimiento de la economía sumergida y el mercado de falsificaciones, la corrupción y su metástasis larvada, la renuncia a recuperar la millonada entregada a los bancos para el “rescate” de las Cajas, el descontrol en el reparto de las ayudas públicas, etc.

¿Economía? Sí, la más elemental, la que se hace con sumar y restar. Hay dinero de sobra para sostener y mejorar el llamado Estado del Bienestar, pero ese dinero se va, se esfuma, se dilapida para mantener privilegios y prebendas (incluido el pago de intereses a los bancos alemanes), para sostener redes clientelares, para favorecer a oportunistas y verdaderos sátrapas especializados en vivir del Estado. ¿Capitalismo? ¡Ni eso! ¿Y la izquierda? ¿Qué izquierda, la defensora del bien común y los intereses de los trabajadores, o sea, de la mayoría? Ésa, ni está ni se la espera.

Santiago Trancón Pérez


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