Esquerra Republicana presume mucho de que es un partido de «estricta soberanía catalana», y que la única cámara legislativa que le representa es el Parlament, pero ha demostrado que no tienen ningún respeto por las personas que han formado parte de este hemiciclo. Y lo ha hecho mediante el sectarismo de su delegada en Madrid, Ester Capella.
Joan Ferran ha sido uno de los diputados más conocidos de la historia del Parlament desde la restauración democrática. Fue miembro de la cámara durante dieciocho años y ejerció diversas responsabilidades de importancia en uno de los dos grupos más grandes, el socialista. Es historia viva del parlamentarismo catalán. Y pesar de ser legendarios sus choques con Convergencia Democrática a lo largo de su trayectoria como diputada, no tuvo ningún problema en presentar sus libros en el Centro Cultural Blanquerna.
En los últimos años, ya como ex diputado, Ferran no tuvo problemas, bajo las presidencias de Carles Puigdemont y Quim Torra, para presentar sus libros en este centro cultural, que ejerce de ‘embajada’ de la Generalitat en Madrid. Todos los delegados que ha habido los últimos años, todos ellos en ejecutivos dirigidos por las diversas reencarnaciones de Convergencia, no pusieron pegas. ‘Desde la aspillera’, ‘El complot de los desnortados’ y ‘Bajo el murmullo de los alisios’ fueron presentados sin ningún problema y con la total colaboración del personal del centro.
Pero llegó ERC a la Generalitat, la de la ‘mesa de diálogo’ y los acuerdos con los socialistas. Y Ester Capella, que sí ha permitido la presentación de libros claramente independentistas, se negó a que Ferran presentara ‘El libro friki del Procés’ (pueden comprarlo aquí), un ensayo sarcástico sobre algunos de los personajes más esperpénticos del proceso secesionista. La Generalitat se negó, y la entidad CLAC y el club ARGO le abrieron sus puertas y pudo presentar el libro el pasado jueves.
Que quede como testimonio de la intolerancia de Esquerra las puertas cerradas de la Blanquerna para Joan Ferran y la mezquindad que da título a una de las exposiciones que acoge este centro antaño cultural y ahora sectario. Todos los catalanes lo pagamos, pero Esquerra ha decidido que solo pueden disfrutar sus instalaciones los «suyos».
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