Fascismatismo policial

El pasado domingo acudí como muchos vecinos de Barcelona y especialmente del barrio de Sant Andreu, a una manifestación convocada por un colectivo de asociaciones cívicas y constitucionalistas, en protesta por los más de cien días de cortes de tráfico en la avenida Meridiana, perpetrados por un puñado de separatistas, que no llegan al centenar.

Cuando llegué a la confluencia de esa avenida con el paseo de Fabra y Puig, me llamó la atención el hecho de que mientras los ultraindependentistas campaban a sus anchas, los ciudadanos que integraban la concentración cívica estaban totalmente rodeados por agentes antidisturbios de los Mossos de Escuadra, dentro de un perímetro delimitado por una cinta de plástico policial, como si se tratase de ganado. Además se había dispuesto un auténtico muro de furgonetas policiales, que parecía intentaban ocultar a los que estaban pacíficamente concentrados, ejerciendo un derecho constitucional de manifestación.

Para acceder al interior del recinto, había que pedir permiso a un policía que te advertía que si entrabas allí, seguramente no te dejarían salir. Ante este tipo de impedimentos, huelga decir que la mayor parte de la gente se quedó fuera del recinto, para evitar ese secuestro policial. Cuando entré en el recinto solo vi banderas españolas y catalanas y ningún símbolo ultra, mientras que en la otra concentración solo se veían banderas de los CDR, y esa negra con un aspa blanca que significa que resistirán hasta la muerte.

El ambiente era de indignación por esa injustificada represión policial, más propia de una dictadura que de un sistema democrático. También me llamó la atención un mosso de esquadra, que realizaba minuciosamente fotos de cada uno de los que estaban dentro del recinto, y también de los que se encontraban fuera de espectadores. Sin embargo no vi que se hiciese ninguna foto del grupo de los CDR, que más tarde agredieron al periodista Xavier Rius, director del diario digital E-notícies, sin que los “mirones de escuadra” hiciesen nada para impedirlo.

Cuando llegó la hora convenida, como cada tarde, la Guardia Urbana cortó el tráfico para que los ultras separatistas ocupasen los carriles de circulación de vehículos de la Meridiana. Hemos de recordar que era un domingo por la tarde en plena operación retorno, en la que las familias con niños pequeños y ancianos, desean llegar a sus domicilios. Entonces al cabo de un buen rato que provocó colas kilométricas, cuando a los ultras les vino en gana, permitieron la circulación de los indignados conductores.

El “fascismatismo” es una patología de la vista que se caracteriza porque el que la padece, ve fascistas por todas partes menos cuando los tiene delante. El fascismatismo lo sufren los políticos independentistas, y especialmente el presidente de la Generalitat Sr. Torra -probablemente sus gafas de culo de sifón tienen alguna relación con este fenómeno- y también lo padecen los mossos de escuadra, cuando tratan a los ultras como si fueran pacíficos ciudadanos que sólo quieren cortar la Meridiana cada vez que se les antoja, y a los ciudadanos que defienden la ley y la libertad de circulación, como si de delincuentes se tratase.

Sobre el fascismatismo de los mossos, se ha de decir que son un cuerpo policial que se ha caracterizado por su colaboración con el independentismo en Cataluña, y su por su desprecio al mandato constitucional; y esto no lo digo yo, lo han dicho los fiscales del Tribunal Supremo en sus conclusiones del juicio del procés. Los mossos han sido desleales con la legalidad constitucional el 6 de octubre de 1934, cuando se sublevaron contra la República, o amparando con cobertura policial los referéndums ilegales del 9 de noviembre de 2014 y el del 1 de octubre de 2017; y esto no lo digo yo, lo dice la historia.

Salvando las distancias, cuando las Cortes de Cádiz crearon la Milicia Nacional, sus uniformes se caracterizaban por lucir vistosos plumeros en sus tricornios, pero cuando se volvió a restaurar el absolutismo con Fernando VII, los liberales intentaron introducirse en la política española, disimulando su ideología progresista. De esta forma cuando un realista percibía la presencia de un constitucionalista en las instituciones, empleaba la frase “a usted caballero se le ve el plumero”. Ahora el fenómeno es totalmente inverso, porque los constitucionalistas nos queremos librar del separatismo absolutista.

Tengo el presentimiento de que cuando se celebre un tercer referéndum, los mossos volverán a darle cobertura legal, como han hecho siempre; pero en estos tiempos en los que se está sometiendo a juicio en la Audiencia Nacional de Madrid, a la cúpula de los Mossos de Esquadra, creo que por lo menos deberían de disimular un poco, para que no se les vea el plumero. Plumas que deberían de lucir en sus gorras y cascos, como tienen los bersaglieri italianos con sus vistosas plumas de urogallo, claro que aquí las plumas serían de los urogallos del Pallars.

Juan Carlos Segura Just
Doctor en derecho


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