Elogio de la rebeldía

Mi madre siempre me calificó de niño y adolescente de “rebelde sin causa” y “abogado de pobres y causas perdidas” y ciertamente esa rebeldía corresponde a un estado de inmadurez y, por tanto, un proceso de aprendizaje en la vida. Con el tiempo aprendes que la rebeldía precisa de causas y motivos. Y que estos no pueden ser imaginarios, sino que deben de responder a situaciones objetivas de injusticia y desigualdad.

Con el tiempo descubrí que era un marxista sin haber leído a Marx. Y concluí que en nuestra sociedad las desigualdades tienen un origen económico, aunque este se disfrace en ocasiones en cuestiones de identidad… color de piel, sexo, religión, lengua, nacionalidad, etc. También que la riqueza y la pobreza se heredan independientemente de la voluntad personal. Ello hace que estemos sociológicamente en estratos sociales diferentes y confrontados por intereses: es lo que tradicionalmente llamamos lucha de clases. Y esta se da, también, independientemente de la voluntad subjetiva de los individuos que conformamos dichas clases, consciente o inconscientemente.

El capitalismo –lejos de ser un redistribuidor de la riqueza como algunos ingenuos pretenden, afirmando y confundiendo avances tecnológicos con sistema político y económico– ha acentuado las diferencias sociales. La riqueza mundial está en estos momentos más concentrada que nunca en la historia de la humanidad.

Los valores de la ilustración, libertad, igualdad y fraternidad, emanan de una revolución que es consecuencia de la aparición de una nueva clase social que es la que marca el inicio del actual sistema político/económico, y no al revés. También la separación/división de poderes en la organización política de los nuevos estados. Ciertamente, la consagración de una democracia formal en esos nuevos estados no es garantía en sí de la igualdad y la justicia social que los valores ilustrados reclaman: bien por los sistemas electorales deformantes de la voluntad popular y bien por la capacidad de generar pensamiento de las elites dominantes o bien por injusta distribución de la riqueza que el capitalismo implica. Es decir: existe alienación; tanto en el concepto marxista de separación de la propiedad de los medios de producción, como en el concepto más psicológico de enajenación o desarraigo mental de la realidad social percibida.

Es evidente que en las sociedades más industrializadas, y a lo largo del siglo XX, se conformó el llamado “estado del bienestar”, que generó clases medias y una clase trabajadora “acomodada”. Podemos incluso debatir de las causas estratégicas y sociopolíticas que generan ese “estado del bienestar” y de las causas de su desmantelamiento actual. España, a pesar de los 40 años de dictadura franquista con un fuerte desarrollo capitalista, se incorpora en el 78 a los sistemas democráticos europeos. Es decir, es evidente que el capitalismo puede perfectamente pervivir, incluso mejor, durante las dictaduras; por lo que confundir capitalismo y democracia formal es más que inaceptable.

Podemos plantearnos si es posible caminar hacia una sociedad más justa, socializante, con una democracia formal, y posiblemente no lleguemos a un acuerdo; pero aunque la democracia formal se pueda considerar una “dictadura de la burguesía”, ello no impide considerarla preferible a un sistema totalitario, donde esa dictadura correspondería a la burguesía u otra clase social minoritaria.

Existen en el mundo sociedades donde el conflicto social es insufrible para las clases trabajadoras y donde la opresión de los poderosos sobre el pueblo es inaceptable. Son sociedades donde la rebeldía toma la forma de rebelión, dado que la motivación de esa rebelión es ética. Tal es el caso de Palestina y el antiguo Sahara español. U otras como en Hispanoamérica, donde la vida de las personas no está garantizada, como es el caso de la marcha de hondureños hacia EEUU con tintes muy distintos, y dignos de estudio, a los de una huida desorganizada en otros lados del mundo donde son la situación económica o política el detonante y dicha emigración se produce de forma espontánea. Y digo tintes distintos porque esa marcha es más que emigración, es una protesta, un movimiento político, más allá de la subjetividad de los mismos integrantes.

La rebeldía y la rebelión en España

España es un estado democrático y de derecho, le pese a quien le pese, homologable a los demás países europeos, en lo bueno y en lo malo, en sus aciertos y en sus errores. A modo de ejemplo: a mí no me gusta el sistema electoral español y lo he denunciado repetidamente; pero lo prefiero, con sus defectos, al sistema francés o británico, claramente mayoritarios.

Así pues, no es aceptable la rebelión del nacional-secesionismo contra el estado. No es aceptable ni éticamente –los motivos aducidos son falsos y el relato falaz– ni legítimamente: ¿Cómo se puede rebelar una institución contra aquella otra que le da sentido y legitima? La Generalitat y el Parlament existen porque la Constitución Española del 78 los declara y ampara. Y lo hace tomando como precedente otra Constitución Española, la de la II República. Las referencias a la Generalitat anterior son ahistóricas aunque sean homónimas. No hay legitimidad ni legalidad en esa rebeldía. No es una rebeldía de los oprimidos en Cataluña, es una rebelión de sus elites.

Los oprimidos hoy en Cataluña mayormente hablan castellano, se sienten españoles y son trabajadores, su rebeldía es la misma de los que luchan por la igualdad en toda España. Nada que ver con el nacional-secesionismo de Puigdemont y Torra.

En España no hay soberanías originarias, a no ser que nos retrotraigamos a los Reinos de Taifas. Ya en nuestra primera Constitución, la de 1812, se declaran nulos lo fueros territoriales.

Así pues, los detenidos preventivamente, por su probabilidad de fuga, a los que la fiscalía ha calificado sus delitos como rebelión, han de ser juzgados dentro del ordenamiento jurídico establecido y serán los jueces los que determinen si ese fue su delito y el grado del mismo. Luego, cada cual podrá opinar en uso de su libertad de expresión. En mi caso, no hay duda: hubo rebelión y hubo violencia.

Lo que es del todo inaceptable es intentar forzar al Estado a saltarse el sistema de división de poderes. Resulta muy penoso observar la poca visión de estado que en estos momentos mantiene el gobierno al forzar a que la Abogacía del Estado rebaje las peticiones a los delitos de sedición… Un gesto que nadie le ha agradecido, es más parece que les mordieron la mano extendida, a tenor de las palabras de Torra.

Por otro lado, resulta llamativa la teatralidad manifestada por los nacionalistas, rasgándose las vestiduras ante una más que esperada petición de la fiscalía. Es evidente que manejan arteramente los mecanismos de marketing y publicidad que tan buenos resultados les dan, teniendo, como tienen, al gobierno español en un ¡ay ay! continuo. Como se ha podido ver con el paripé de los presupuestos.

Desencallar el problema de Cataluña es desencallar el problema de España y viceversa. El sistema de partidos, la partitocracia, está en crisis. Hay que romper con las inercias. Se precisan cambios de calado, se precisa renovar el sistema. Pero eso solo será posible con un cambio de las reglas del juego de poder, es decir un cambio constitucional, cosa bastante improbable con los mimbres actuales. ¡Es un pez que se muerde la cola!

¡Hay que empezar a votar distinto! ¿No?

Adendas

– Incomprensible el harakiri del Tribunal Supremo al fallar contra los ciudadanos en el tema del impuesto a las hipotecas. Aunque uno se pregunta si es un servicio al gobierno de Pedro Sánchez, que se permite dar un golpe en la mesa al anunciar la reforma por decreto ley para que el impuesto de la hipoteca lo paguen los bancos… Dos pájaros de un tiro: Nos cargamos la retroactividad que una sentencia favorable a los ciudadanos habría supuesto, cerrando el paso a demandas millonarias de devolución de lo pagado indebidamente, y le regala al gobierno el papel de Robin Hood justiciero que tanto necesita… ¿a cambio de que? ¡A saber! Yo creo que “se han cubierto de gloria”. Porque ahora está en entredicho su ecuanimidad, y eso los nacionalistas no lo van a desaprovechar… ¿Que no? ¡Al tiempo!… Lo dicho acaba de anunciar la Generalitat que presentará demanda contra miembros del supremo por la sentencia. Que cómodo para los nacionalistas ponerse al lado de los españoles a los que desprecia… coste cero, beneficios de imagen todos.

– Lo decía hace un par de semanas: ¿A qué jugamos? Prorrogados los presupuestos, toca subir el salario mínimo y otras promesas por decreto ley o por ley. Pedro, no nos marees más con tanto teatro. Please.

– Y anuncian reforma de ley de educación blindando competencias de comunidades autónomas en temas lingüísticos. No es que la actual haya servido para mucho, pero lo que se anuncia… Seguiremos hablando.

La rebeldía, la necesaria rebeldía de cada día.

En Nou Barris, Barcelona.

Vicente Serrano

Miembro del Grupo Promotor del partido IZQUIERDA EN POSITIVO y de la Junta Directiva de la asociación Alternativa Ciudadana Progresista.

Autor del ensayo EL VALOR rEAL DEL VOTO. Editorial El Viejo Topo. 2016

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