Por desgracia, el RCD Espanyol ya hace demasiado tiempo que pierde prestigio dentro del fútbol profesional, y no porque estemos ahora en Segunda. Por eso muchos futbolistas que despuntan en nuestro club lo ven como un trampolín. Y los técnicos y jugadores ya no nos dejan para irse al Atlético de Madrid, Valencia, Barça o Real Madrid.
Lo que era impensable a mediados de los 80 está ocurriendo continuamente. El abanico de destinos más deseables para nuestros deportistas y técnicos se ha ampliado. Incluso una entidad como el Villarreal, que no hace demasiado era un equipo ascensor, es una posibilidad más atractiva que el Espanyol. Los deportistas de calidad saben que aquí se respira conformismo y que, si tienen un mínimo de aspiraciones, han de irse.
Urge apostar por un modelo ambicioso para que el Espanyol recupere el prestigio que hemos ido perdiendo. Ser el Pepito Grillo del fútbol catalán o el club que intenta llevarse bien con los poderes que demuestran que solo les interesa el Barça nos ha situado en la mediocridad más absoluta. Necesitamos un proyecto de club para tener más socios.
Y no hace falta ninguna solución mágica, solo tener valor y ganas, porque los aficionados pericos en potencia están ahí, hay miles y miles de hinchas futboleros por toda Cataluña a los que podríamos seducir para que llenen nuestras gradas, solo hay que tener la voluntad de dirigirse a ellos y decirles lo que quieren escuchar y darles lo que quieren ver. Y hacer la pelota a la Generalitat o al Ayuntamiento de Barcelona no es el camino.
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