Diez años de la LEC: la ley que blindó el adoctrinamiento escolar

Imagen de una guardería pública en Cataluña / Eduardo González Palomar

Se ha cumplido una década de la aprobación de Llei de Educació de Catalunya (LEC), la ley que blindó definitivamente la inmersión lingüística en catalán. Para conmemorar dicha efeméride, el pasado día 20 se proyectó en el Parlament un documental que recogía los testimonios de sus principales protagonistas. Entre ellos, el Consejero de Educación de la época, Ernest Maragall, o ponentes de la ley como Irene Rigau (CiU), Dolors Camat (ICV) o Antonio Robles (Cs).

En tono laudatorio —a excepción de Robles— y acompañados de música épica, los distintos ponentes enumeraron en la cinta las virtudes de la normativa. Así, destacaron que ésta fijó el régimen lingüístico del sistema educativo y que sus objetivos eran fomentar la “inclusión” y combatir la “segregación escolar”. Llama atención, sin embargo, que los participantes no ocultasen en ningún momento el propósito último de la ley. Esto es, la llamada “construcción nacional”.

El más claro en este sentido fue el republicano Josep María Freixanet, que admitió abiertamente que la LEC era “una ley de construcción de Estado, de Estado catalán”. En la misma línea se pronunciaron Ernest Maragall, que la calificó de “pieza de central de país”, e Irene Rigau, que se jactó de que se “exprimieron las competencias tanto como se pudo para hacer una ley que singularizase a Cataluña” frente al Estado. Por último, y aunque en un tono menos patriótico que el de su compañeros, Camat reconoció que uno de los objetivos principales de la norma consistió en “blindar la lengua y la Escola Catalana”.

La voz discordante fue, sin duda, el exdiputado de Cs Antonio Robles, que en su intervención denunció sin contemplaciones que la ley no era más que “un instrumento para conseguir los fines que el procés ha demostrado que se buscaban, que eran adoctrinar a una serie de generaciones en el espíritu nacional catalanista”. Para Robles, se trataba de dar continuación a “aquel programa que diseñó Pujol en los años 90, el programa 2000, cuyo objetivo era catalanizar la mente de todos los niños catalanes”.

Las palabras de Robles generaron un rumor de desaprobación entre los presentes, en su mayoría nacionalistas —tanto Ciudadanos como PP, que en su momento votaron en contra de la ley, declinaron asistir al acto—. Curiosamente, fue un momento parejo al que se produjo durante la aprobación de la ley hace diez años, cuando la intervención de Robles suscitó parecidos murmullos de protesta.

Y es que, ya en aquella ocasión, Robles denunció con contundencia —y para muchos de manera premonitoria— el carácter adoctrinador de la LEC. Recuérdese, si no, el arranque de su alocución: “Sin preámbulos: hoy se aprobará una ley para garantizar privilegios a unos catalanes y despojar de derechos a otros. No será una ley de educación de Cataluña, solo será una ley de adoctrinamiento para formar en el espíritu nacionalista a las generaciones venideras”. En aquel discurso, Robles también definía el nuevo reglamento como la “culminación de una historia infame de exclusión lingüística” y la constatación “por escrito de lo que durante tantos años [los nacionalistas] han impuesto con disimulo” .

Y bien, transcurridos diez años, ¿puede decirse que los negros augurios pronosticados por Robles se hayan cumplido?

En opinión del filósofo Francisco Caja, no cabe duda de que así ha sido. Según el profesor, la “LEC ha sido un instrumento eficacísimo en la consolidación de la independencia escolar de Cataluña. La norma supuso el capítulo definitivo para que las escuelas pudieran divorciarse del Estado”.

Para Caja, dicho propósito se ha logrado porque la LEC ha consolidado el adoctrinamiento escolar. “Esta ley”, explica, “un mero proyecto de ingeniería social, ha convertido las escuelas en correccionales lingüísticos, centros cuyo único objetivo es que los alumnos dejen de hablar en una lengua considerada impropia: el castellano”. Lo ilícito de dichos objetivos no sorprende a Caja, quien recuerda que el “nacionalismo concibe la escuela como el crisol de la nación, un lugar para crear súbditos en lugar de sujetos soberanos”.

Un diagnóstico similar al que efectúa Ana Losada, presidenta de la Asamblea por una Educación Bilingüe (AEB): “La LEC no solo ha conseguido dar cobertura a un sistema educativo ilegal, contrario a la Constitución y a numerosas sentencias de los tribunales, sino que también ha sido nefasta para la convivencia en Cataluña. Al contrario de lo que defienden sus valedores, solo ha provocado segregación y división. Se trata de una norma que arrincona, prohíbe y margina al amparo de la ley”.

Asimismo, Losada destaca el carácter “empobrecedor” de la LEC. “Es una ley excluyente porque, al establecer un muro lingüístico, no permite que el sistema se nutra de profesores de otras comunidades”. Por otra parte, recuerda que la norma ha fracasado en el resto de cuestiones que se planteaba. Por ejemplo, la ley establecía que el presupuesto para educación debía ser del 6% del PIB, pero en la actualidad solo ronda el 3,5%. En definitiva, para la presidenta de la AEB la LEC “solo ha triunfado en sus peores objetivos: transmitiendo la idea de que el catalán es el único ascensor social válido e inoculando una identidad nacional que no existe”.

Por Óscar Benítez


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