El debate sobre la inmersión lingüística: una distorsión permanente

Ha bastado que el Gobierno central lanzara recientemente un globo sonda acerca de la posibilidad de ofrecer en la preinscripción escolar la opción de la escolarización en castellano para que el poder nacionalista haya engrasado, una vez más, toda la maquinaria propagandística en defensa del llamado modelo de inmersión. Si el pasado día 21 de febrero aparecía un artículo en El País en el que se venía a concluir que los alumnos catalanes tienen un nivel similar de castellano al del resto de alumnos españoles, en los días sucesivos medios como La Vanguardia o RAC-1 se hacían eco de una noticia de la Agencia EFE para anunciar, con el habitual ruido de fanfarrias, que los alumnos catalanes dominan mejor el castellano que gallegos, valencianos, baleares y vascos.

La conclusión se deriva de la comparación de los resultados en Lengua Castellana de las últimas pruebas de acceso a la universidad realizadas en las diferentes comunidades bilingües. Ocurre, sin embargo, que, al igual que sucedía en el artículo de El País, que ya analicé en otra publicación, las conclusiones parten de una premisa errónea: considerar que las pruebas de acceso (PAU, EvAU o ABAU según el territorio) son equivalentes en cuanto a contenidos, estructura y criterios de corrección, y, por tanto,  homologables en cuanto a sus resultados.

Pero la realidad se aparta sensiblemente de esa premisa. Convienen algunas consideraciones previas. La primera tiene que ver con la distribución horaria de las materias de Bachillerato. A este respecto, es necesario señalar que en Cataluña solo se dedican dos horas semanales a la asignatura de Lengua Castellana durante los dos cursos de Bachillerato (2+2), por las tres semanales del País Vasco, Galicia y la Comunidad Valenciana (3+3) en la misma etapa, y las dos horas y media en primero de Bachillerato y las tres en segundo de Islas Baleares.

Esa realidad, en la práctica, tiene consecuencias relevantes sobre los contenidos examinados en las pruebas de acceso. En Cataluña, por ejemplo, no se evalúa el conocimiento en Literatura, cuya impartición se circunscribe a primero de Bachillerato. En el resto de comunidades bilingües, por el contrario, la Literatura constituye uno de los apartados de la prueba, cuyo peso oscila entre los dos y los tres puntos sobre el total de diez.

No se trata de la única diferencia. En Cataluña la prueba no incluye, propiamente, un comentario lingüístico o crítico del texto que encabeza la prueba, entendiendo por esto la elaboración por parte del alumno de un discurso organizado, coherente y crítico en el que se analicen aspectos como la estructuración de las ideas, la modalidad discursiva, los recursos lingüísticos, el registro, etc. Ese análisis puede ser requerido a través de una única pregunta (Comunidad Valenciana) o puede dividirse en distintos ejercicios que evalúan las mismas capacidades (País Vasco o Islas Baleares).

En Cataluña, sin embargo, las preguntas planteadas para la reflexión y el análisis del texto de referencia son algo particulares. Están claramente pautadas y su resolución no requiere de la elaboración de un discurso complejo. En la convocatoria de septiembre de 2017, por ejemplo, uno de los ejercicios consistía en elegir, entre cuatro opciones, el título que mejor se ajustara al tema del texto inicial.

En ese mismo apartado de la prueba se incluyen un par de preguntas sobre las dos lecturas obligatorias de curso. En ambos casos, son cuestiones circunscritas al argumento de la obra, un nivel de exigencia muy inferior a lo que se pide en Galicia o el País Vasco, donde se requieren tanto aspectos formales o temáticos como su relación con el contexto histórico y literario.

Por otra parte, en Cataluña el análisis sintáctico se resuelve con dos preguntas de opción múltiple y otra en que la respuesta se limita a 40 palabras. En la Comunidad Valenciana, por el contrario, el análisis sintáctico es abierto, y en Islas Baleares o Galicia la reflexión sintáctica se evalúa a partir de ejercicios más prácticos, tales como localizar una pasiva refleja o una oración impersonal en el texto de referencia.

Existe, a su vez, una peculiaridad de las PAU en Cataluña que afecta a toda la estructura de la prueba. En el examen de junio de 2017 había en el global de la prueba seis preguntas abiertas, la extensión de cuya respuesta venía claramente delimitada en el enunciado. Eso significa que, en el mejor de los casos, un alumno catalán, en el examen de Lengua Castellana, escribe unas 330 palabras (poco más de una carilla). No se trata de una cuestión menor, porque esta circunstancia condiciona la penalización por errores ortográficos.

En relación con este aspecto, hay una cierta disparidad de criterios entre comunidades. En Cataluña el descuento es de 0,1 por error ortográfico, léxico o gramatical, sin límite máximo, pero conviene no olvidar que el volumen de escritura que exige la prueba es más bien bajo. En el resto de comunidades las diferencias son sensibles: en la Comunidad Valenciana se penaliza 0,25 por falta de grafía y 0,15 por tilde, hasta un máximo de 3 puntos. En cambio, en Galicia el descuento máximo en el conjunto de la prueba es de 2 puntos. En Baleares, por su parte, la ortografía se evalúa a través de un sistema de bandas de corrección que hace difícil la comparación con las otras comunidades.

Así pues, este somero análisis sobre las distintas pruebas de acceso de las comunidades bilingües conduce a una conclusión distinta a la que sugerían La Vanguardia o RAC-1. A saber: que las diferencias en la estructura, contenidos y criterios de corrección de las diversas pruebas de acceso impiden extraer datos concluyentes sobre el verdadero dominio del castellano de los alumnos catalanes. Conviene recordarlo y repetirlo, porque ese ha sido uno de los cimientos sobre los que se ha asentado tradicionalmente el discurso en defensa de la inmersión lingüística. Socavado este, quizás empezaría a tambalearse todo lo demás. De ahí la reacción de siempre, la construcción del dique de contención habitual contra los embates de las verdades que se puede tasar objetivamente.

Iván Teruel

Profesor de Secundaria en la provincia de Gerona

Autor del ensayo El Perú escindido, Ediciones Irreverentes, 2012, y del libro de relatos El oscuro relieve del tiempo, Edicions Cal.lígraf, 2015

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