Ante la cacicada de la UAB, dignidad y coherencia democrática

Josep Lago

Parece que hablar de universidades está de moda. Sin embargo, no solo sobrevuela un nubarrón negro sobre la ya mediática Universidad Rey Juan Carlos (URJC), sino que también hay tormenta sobre la politizada Universidad Autónoma de Barcelona (UAB)

Los periódicos avisan: “La Justicia obliga a la UAB a admitir a los jóvenes de Societat Civil Catalana (SCC) en el registro de colectivos universitarios”. Se explica, en muchos medios, que el Juzgado de lo Contencioso-Administrativo número 7 de Barcelona ha dictado medidas cautelares contra la Universidad Autónoma de Barcelona y obliga al centro universitario a readmitir a los jóvenes de SCC en el registro de colectivos del que habían sido expulsados.

Ciertamente, los lectores que hayan seguido nuestra trayectoria, la de Jóvenes de SCC, en la Universidad Autónoma de Barcelona no saldrán de su asombro. Y es que todo el mundo, en Cataluña, conoce los ataques que la agrupación joven de Societat Civil Catalana hemos sufrido de forma sistemática en el Campus de Bellaterra.

“¿Os han expulsado a vosotros?” preguntan, indignados, algunos de mis compañeros de clase, mientras me recuerdan la de veces que tuvimos que salir escoltados por los antidisturbios al ser atacados por montar una simple carpa informativa en la Universidad. Sin embargo, en la Cataluña del “procés”, del separatismo, del golpe de Estado; todo es posible y siempre ocurren cosas que nos dejan perplejos. En fuera de juego.

En el caso que aquí os traslado, la Universidad Autónoma de Barcelona se empeñó en convertir a los siempre agredidos, en agresores. La enorme cacicada de echar del campus de Bellaterra al colectivo de Jóvenes SCC siempre fue el camino fácil (tentador, pero torpe) de la reina del cortijo, la rectora Margarita Arboix.

No obstante, el equipo mal asesorado de la rectora, antes de sacarnos tarjeta roja y enviarnos a casa, intentó otra jugada: el chantaje. En varias de las reuniones que mantuvimos, tanto con la responsable de colectivos como con la rectora, nos amenazaron con que debíamos cambiar nuestra política de comunicación en medios y redes sociales si queríamos formar parte de la UAB.

La rectora lo dijo tal que así: “para que Jóvenes SCC-UAB forme parte de la Universidad es condición sine qua non un cambio en la política de comunicación”. La verdad es que la señora Arboix pretendía pisotear nuestro derecho a la libre expresión, más todos aquellos derechos fundamentales que por consiguiente vulneraría en caso de que nos expulsara de la Universidad. Así se lo advertimos en su momento.

Ustedes pensarán, ¿qué quería decir la rectora de la UAB al exigir un cambio en la política de comunicación de Jóvenes SCC? La misma preocupación le trasladamos nosotros en uno de los encuentros que mantuvimos.

Fue en ese momento cuando la UAB puso encima de la mesa un informe con más de 50 páginas en el que se podía observar un meticuloso seguimiento a nuestras cuentas en redes sociales, realizado por la propia Universidad. No nos lo podíamos creer. Nuestra Universidad había ordenado a alguno de sus trabajadores (o nuestros, según se mire) un seguimiento brutal en el que se recogían decenas de tuits que no gustaban. Sin embargo, pese a que el seguimiento era un escándalo, no lo era el contenido del informe.

Nuestros tuits siempre se han realizado dentro del respeto a los valores democráticos. Nuestra comunicación en redes siempre ha sido abierta, crítica y combativa con muchos de los sinsentidos separatistas propios de la Cataluña contemporánea; pero nunca han supuesto, al contrario de lo que argumenta la UAB, un medio por el que desprestigiar a la Universidad.

Sin embargo, la UAB nos exigió que dejáramos de hacer determinados tuits. Al parecer, no le gustaba que dijéramos cosas tan obvias como que no nos parece normal que una institución pública se adhiriera al Pacto Nacional por el Referéndum. Tampoco les parecía correcto que explicáramos que nos parece vergonzoso que la UAB no condene determinados actos de violencia en el campus; o que no aceptábamos que la universidad, por su sesgo nacionalista, no sea plural, no sea de todos.

Obviamente, por dignidad y coherencia democrática, no accedimos a cambiar nuestra política de comunicación. Antes creíamos, y ahora (después del auto judicial) sabemos que tenemos derecho a la crítica constructiva. Así lo trasladamos al rectorado. No accedimos a ningún chantaje ni decidimos bajar la cabeza.

Después de los palos de los ultras separatistas del campus; vinieron los palos, metafóricamente hablando, de la Universidad. El 1 de marzo de 2017 la UAB nos notificó la denegación de inscripción del colectivo en la Universidad.

Este hecho tenía consecuencias muy negativas para nosotros, pues implicaba que hacer cualquier cosa en la Universidad se convertía en toda una odisea con innumerables trabas administrativas. Y, lo más importante, implicaba que la voz de Jóvenes SCC y de tantas y tantas personas que piensan como nosotros quedaba absolutamente silenciada, sin representación en el espacio público.

Sin embargo, estábamos seguros de que se nos estaba expulsando por motivos ideológicos; con lo que, muy a nuestro pesar, una vez agotadas todas las vías internas y de diálogo, decidimos trasladarlo a los tribunales.

Hoy en día, podemos asegurar que, tras la grave cacicada de la UAB, la juez ha dado un revés a la Universidad al considerar en su auto de medidas cautelares que se nos podría estar vulnerando nuestro derecho a la libertad de expresión, con lo que ordena la inmediata inscripción de Joves SCC-UAB en el registro de colectivos de la Universidad.

No olvidemos que todo lo explicado (y es solo una parte) ha sucedido en una Universidad pública, sufragada entre todos, y que los afectados somos simples estudiantes. Sin embargo, lo aquí descrito supone, únicamente, un capítulo más de las barbaridades que se han llevado a cabo en el marco de una sociedad enfermiza, “procesista” y carcomida por un nacionalismo voraz.

Es por esto por lo que, desde Jóvenes SCC seguimos trabajando para cerrar este negro libro de la historia de Cataluña. Un libro lleno de confrontación, fractura social y enfrentamientos; para poder abrir, así, el libro de la convivencia y la concordia. No obstante, al mismo tiempo, toca poner el foco en las universidades y preguntarnos si es esto lo que realmente queremos.

Josep Lago, estudiante de ADE + Derecho en la UAB y coordinador de Jóvenes de Societat Civil Catalana.

 

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