Acatando a la ley, recuperando la convivencia

Se acerca el principio del fin. Tras el amago de Declaración Unilateral de Independencia del pasado viernes, en el que la bandera española ni siquiera dejó de ondear ni un segundo del Palacio de la Generalitat, Puigdemont y sus ya ex compañeros de ejecutivo solo han hecho que confirmar lo que hasta ahora parecía imposible: el “procés” está tocado y a punto de hundirse.

Hablando este lunes con una periodista extranjera, me comentaba que habían conversado con un alto cargo de la Assamblea Nacional Catalana (ANC) y que, entre sollozos, explicaba que dejaban el despacho que habían alquilado al lado de la Generalitat para trabajar mano a mano con el Govern. El PDeCat ha aceptado que, si quiere continuar dando guerra, tiene que aceptar las reglas de juego, acatar el 155 y presentarse a las elecciones convocadas por Rajoy. Hasta la CUP ha pasado de asegurar que el 21 de diciembre hará una paella a reconocer que no descarta participar en los comicios.

Me comentaba un simpatizante de Omnium que durante el calentón post-155 la dirección de la organización había hecho una llamada a sus “afiliados” a boicotear las elecciones, pero viendo el panorama, no es de extrañar que el máximo boicot que lleven a cabo sea intentar de nuevo una candidatura unitaria.

El podemita Albano Fachín, que fue uno de los pocos en no enseñar su voto a las cámaras en la DUI-performance del viernes, también estaba por participar en una posible coalición unitaria pro-independentista. Aunque Iglesias ya lo ha desautorizado. Podemos está por el “derecho a decidir” pero no por la independencia, ha afirmado, para después invitarle muy finamente a “unirse a las filas de la CUP o Esquerra Republicana”. Casi nada…

Visto que nadie descarta presentarse a las elecciones y que nadie aboga por otro camino que no sea la acatación por la vía del hecho (aunque no de la palabra) de la autoridad que el Senado le ha concedido al gobierno central bajo el amparo del artículo 155 de la Constitución Española, ya empieza a vislumbrarse la soñada solución al problema en Cataluña. Una solución que pasa por volver a la normalidad política e institucional.

Pese a que el “proceso” ha fracasado, ahora nos toca reparar los destrozos que ha provocado el tsunami de inconsciencia e ilusión irracional. Y uno de los más graves son la falta de convivencia entre los catalanes. Si bien es verdad que no ha habido práticamente violencia física (excepto algún episodio de los radicales de siempre), sí que se respira cierta violencia verbal. El eje nacional ha tensionado relaciones familiares y amistades y la calle está que arde. Así que no tenemos otro remedio que trabajar incansablemente por recuperar la convivencia.

Una convivencia que va a venir, en primer lugar, gracias a la vuelta a la legalidad. Y es que las leyes precisamente sirven para eso: para permitir la convivencia en sociedad. Dentro de dicha legalidad y respetando las normas y los procedimientos, se puede hablar de todo y se puede reformar todo. No es que dicha legalidad impida “el desig d’un poble”, como dicen los líderes independentistas, sino que, como los deseos del pueblo son cambiantes y muchas veces no tan mayoritarios como aseguran en sus discursos los políticos, hay que someterlos a una “forma de hacer” previamente establecida que los regula y modera. Es más, precisamente es la ley la que permite que los deseos del pueblo sean tenidos en cuenta. Los procedimientos del Estado de Derecho aseguran la articulación de dichas aspiraciones. Desobedecer dichos procedimientos es dinamitar lo que precisamente asegura que el pueblo sea escuchado.

Dicho de otro modo: nada material es inmutable. Las leyes se pueden cambiar, pero solo es posible respetando los procedimientos que establecen las mismas leyes. Solo así podremos convivir. Cuando no hay ley hay anarquía y en la anarquía pasa como en la selva, que el débil, el pobre, siempre acaba perdiendo.

La desobediencia, tan de moda últimamente, es el principio del fin de la paz social. El respeto a la legalidad y a los procedimientos, la base sobre la que se sostiene la convivencia y el respeto. Recuperando el acatamiento a la ley, recuperaremos la convivencia.

@llaquetm


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