Abocados a elecciones legales

Parece ser que al final se está confirmando. Desde hace tiempo se especula sobre el hecho que Puigdemont no volverá a Cataluña. No quiere acabar en la cárcel. Sabe perfectamente, a pesar de lo que proclama, que ni Rajoy ni nadie puede salvarle de ser enjuiciado y condenado. Ni la presidencia de la Generalitat lo puede salvar. El mal menor, para permanecer libre, es no pisar España en muchos años. Un día su delito prescribirá y regresará. Ese día ya casi nadie se acordará de él. Lo cierto es que son pocos los que hoy en día viven pendientes de su fututo. Puigdemont ya es historia y pasará a los libros como un mediocre president de la Generalitat. Él dice que es el 130, aunque en realidad es el 17. Porque cabe recordar que la Generalitat se recuperó en el 1931. Durante la época medieval la función de este estamento no era el actual. Por aquel entonces funcionaban los Brazos Armados, pero eso es otra historia.

Ante esta situación se abre un periodo que el PDeCat está esperando desde hace tiempo. Sus dirigentes más centrados desean recuperar el camino perdido y convertirlo en lo que fue la antigua Convergencia. Por ello tienen que sacarse de encima “la lista del president” empezando por este. Y esto sólo pasará con unas nuevas elecciones. Puigdemont no regresa y el PDeCat se lava las manos. Una nueva lista, con gente nueva y no imputada, puede dar la vuelta a un partido muy marcado por la corrupción y el 3%.

No está mucho mejor ERC. Aunque no lo reconocen públicamente, están preocupados por los políticos que tienen imputados. También saben que deben renovarse. Que si quiere salir adelante se han de cambiar varias caras. A pesar de lazos, pancartas y manifestaciones, la realidad se impone y esta pasa por un proceso judicial que tampoco será beneficioso a ERC. Este partido está muy acostumbrado a ponerse de lado y salir invicto. En esta ocasión nada de todo esto pasará.

Estamos a pocos días de la constitución del nuevo Parlament y la pregunta que debemos hacernos es la siguiente. ¿Qué ocurrirá? Para muchos independentistas las elecciones del 21-D fue la culminación de un referéndum ilegal. El del 1-O. Al convocar las elecciones, tras la aplicación del 155, el gobierno español, le quisieron dar la forma de un plebiscito. Y lo perdieron. La realidad es que un partido constitucionalista ganó las elecciones y que los dos partidos emblema perdieron escaños. Por no hablar del descalabro de las CUP. Esto significa que el independentismo está cayendo lentamente en picado.

Al ser unas elecciones llevadas a cabo por el Estado no están demasiado contentos. La verdad es que sólo un partido lo está, aunque se le marchita la euforia al no poder gobernar. A todo esto se une el hecho que, teniendo 8 encausados -tanto en la cárcel como en el extranjero- han perdido mayoría en el Parlament. Si nadie renuncia a sus actas están empatados con los constitucionalistas. Al menos esto es lo que se dice, pero no es del todo verdad. Los comunes andan por ahí. A pesar de afirmar Xavier Domènech que no es independentista, apoyaría un gobierno formado por ERC y Junts per Catalunya. Con ello estos últimos se librarían de la lacra de las CUP.

En “petit comité” les pidieron a los comunes un parlamentario para poder ganar una presunta votación por minoría. Según las cuentas de ERC y JxCat con ello tiraban adelante la legislatura. Los comunes se negaron. Lo cual no debe sorprendernos, pues estos también están en caída libre y no tienen muy claro su futuro municipal en las elecciones del 2019.

La solución que está cogiendo una cierta fuerza es apoyar la investidura de Xavier Domènech como presidente del Parlament. Constituir la mesa y, una vez realizado este procedimiento legal, convocar elecciones. Es decir, están convencidos que van a nuevas elecciones y que estas servirán para volver a la normalidad. Es más, estas elecciones serían convocadas por el Parlament de Catalunya y no por el jefe del ejecutivo central. De esta manera la ilegalidad que algunos comentaban pasaría a la legalidad.

Los comunes están por la labor y, a pesar de las elucubraciones mentales de Puigdemont, muchos del sector independentista abrazarían esta vía con los ojos cerrados. Sería la solución para formar nuevas listas, con caras nuevas, y cerrar un episodio de la reciente historia política de Cataluña. Por lo tanto, estamos abocados a nuevas elecciones y está vez no será Rajoy el que las convoque, sino el común Xavier Domènech.

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