El nacionalismo y el populismo intentan marcarse un gol con el caos en el Prat

El verano, informativamente hablando, es monótono y repetitivo. Las noticias que podemos ver en televisión o leer en los periódicos son prácticamente cada año las mismas. En Murcia se asan de calor, en Barcelona las terrazas están llenas de turistas, hay familias que deciden pasar las vacaciones en una casa rural y, ya como tradición, algún que otro caos en los aeropuertos españoles.

Ya sea por overbookings, huelga de controladores o por cancelaciones inesperadas, la imagen del aeropuerto lleno de gente quejándose, con toda la razón, por no poder volar es casi una costumbre veraniega. Quizás alguien debería preguntarse por qué.

Dejando de lado esta reflexión, el caso es que este año estas imágenes se han vivido en el Aeropuerto de El Prat, en Barcelona. Los empleados de seguridad, encargados de que a ningún pasajero se le ocurra llevar una bomba, una ballesta o cualquier potecito de líquido que supere los 100 ml, protestan para mejorar sus condiciones laborales a costa de la paciencia de todos los que este verano pretendemos volar.

Más allá de las molestias e inconvenientes, que son muchos, a mi lo que más me ha molestado ha sido el oportunismo político del que hemos sido testigos estos días por parte de ciertos representantes públicos y de asociaciones (in)cívicas.

Ha sido el caso, por ejemplo, de Ada Colau, alcaldesa de Barcelona y líder de Barcelona en Comú, que, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, se ha quejado de que la culpa de la huelga es del gobierno central y de Aena por haber subcontratado a una empresa privada en vez de gestionar el servicio mediante una empresa pública. Quizás Colau debería recordar que, desde que ostenta el cargo de alcaldesa, los barceloneses hemos vivido, quizás, las dos peores huelgas del transporte público en nuestra ciudad: una salvaje el año pasado en pleno Mobile World Congress y otra este año, que se ha prolongado todos los lunes durante más de 10 semanas . Un transporte que está gestionado por TMB, un conglomerado de empresas públicas de las cuales su presidenta es Mercedes Vidal, Regidora de Movilidad del gobierno municipal de Colau. Antes de mirar la paja en el ojo ajeno, señora Alcaldesa, quizás sería mejor que mirase la viga en el suyo; ya lo dijo Jesucristo hace 2.000 años. Ya sé que las referencias religiosas a lo mejor le producen urticaria, pero lo cierto es que la Biblia contiene consejos muy útiles, incluso para la vida política, como éste que acabamos de citar.

Los que también se han unido al carro oportunista han sido los de la asociación (in)cívica de la ANC. Han aprovechado las enormes colas para repartir panfletos con el mensaje de siempre: esto en una Cataluña independiente no pasará, porque seremos muy guays, nos untaremos las tostadas de pan del desayuno con caviar y nos ducharemos con leche de burro, pero de burro catalán, como no podría ser de otra manera.

Algo parecido ha hecho el Govern de la Generalitat. Poco han tardado sus consellers en apuntar que la competencia de los aeropuertos no es de la Generalitat, sino que es del gobierno central, que hace tiempo que la piden y que, si la tuvieran, esto con ellos no pasaría.

Una vez más, puro oportunismo político. La Generalitat tiene la gestión de la sanidad y no por ello se han evitado huelgas de médicos y enfermeras por los recortes o colapsos totales, como el de principios de este año en el Parc Taulí de Sabadell, donde, según el comité de empresa, se puso en riesgo la vida de los pacientes por culpa de que no había ni suficientes camas ni suficientes profesionales para atenderlos.

El hecho de que no sea el gobierno central sino el autonómico el que gestione un servicio, o el hecho de que no sean “españoles”, sino “catalanes” de pura cepa y con 32 apellidos de la tierra, no ha evitado, no evita yy no evitará problemas como los que estamos viviendo en el Aeropuerto de El Prat.

Como siempre, el populismo y el nacionalismo -que no es más que un tipo de populismo- han aprovechado una situación problemática para su propio beneficio. Poco les ha interesado solucionar el conflicto, ayudar a los pasajeros que han perdido su vuelo o compensar a los que se han pasado varias horas para poder pasar el control de seguridad. No han intentado ni siquiera mediar para que terminara semejante esperpento. Solo han aprovechado la situación para marcarse un gol político. Pero lo cierto es que siquiera han conseguido despistar al portero.

¡Basta ya de tanta demagogia!


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