La manifestación y su relato

Si me hacen Vds. definir en pocas palabras qué ha significado la manifestación del pasado sábado les diré que constituye el fracaso del intento más abyecto de manipulación con que hasta ahora nos ha obsequiado el secesionismo. Digo intento, porque no lo ha logrado; la inmensa mayoría de la población se manifestó respetuosa y cívicamente y la repercusión mediática que esperaban tener se les está volviendo en contra, porque con ese intento los secesionistas han mostrado su verdadero rostro, que es el de la provocación, la tergiversación y la manipulación. No digamos la falta de respeto a las víctimas y a la propia ciudadanía, porque no sólo han pretendido vejar a las instituciones, sino a quienes han sufrido directamente los atentados y a todos los que defendemos el Estado de Derecho y la democracia.

La estrategia del secesionismo estaba planificada en el marco de una “batalla mediática” que les permitiera aparecer como hegemónicos. Sin embargo, observo indicadores que me sugieren que la comienzan a perder. Porque la ‘performance’ y el ‘attrezzo’ exhibido en determinados tramos no puede invisibilizar a la inmensa cantidad de personas que se manifestaron cívicamente. Tampoco puede ocultar que su “relato”, el del secesionismo, solo se lo creen ellos y cada vez menos.

Con economía de escala y como si de una de sus exhibiciones en el Camp Nou se tratara, con la ANC y sus secuaces calentando el ambiente desde días antes, con el apoyo directo del vicepresidente Junqueras en la misma mañana del sábado y la complicidad de las instituciones convocantes, orquestaron un ‘attrezzo’ con el que esperaban que la representación pudiera ser vendida como si la ciudadanía les hubiera respaldado. Nada más falso.

Manifestación antiterrorista de Barcelona

Estuve recorriendo de arriba a abajo varias veces el Paseo de Gracia desde una hora antes de la manifestación (con lo que costaba hacerlo por la cantidad de gente, sobre todo en el tramo final desde Mallorca hasta Diagonal y Jardinets de Gràcia) y, al margen de la “mancha” de esteladas con la que estratégicamente los organizadores rodearon a las instituciones, lo que se observaba era a una inmensa mayoría de personas, una gran “mancha ciudadana”, que se manifestaban cívicamente (cada cual con sus razones íntimas) y a la minoría de siempre haciendo la ‘performance’ con su ‘attrezzo’ de siempre (y algunas variaciones para la ocasión). Las fotografías aéreas son elocuentes y las que se podían tomar, desde distintos puntos de la manifestación, evidenciaban la escasa, por no decir escasísima, exhibición de símbolos secesionistas fuera del teatro del absurdo que algunos pretendieron representar.

Manifestación antiterrorista de Barcelona

Cada vez esa innoble minoría cuenta con menos adeptos. Pero cuentan, todavía, con medios propios y con gran influencia en medios de comunicación, pretendiendo continuar acaparando “el relato”. Ahí es donde tenemos que incidir. Que ha sido una minoría de indecentes quienes han intentado hacer ver que la ciudadanía estaba con ellos, cuando no ha sido así. Ni tan siquiera caló el intento de desacreditar a las instituciones mediante cartelitos y proclamas supuestamente “pacifistas”. Muchos sabemos quién los hizo y con qué intención. Y también sabemos lo fácil y eficaz que resulta el populismo buenista con sus eslóganes.

De buena fe se los cree mucha gente pero yo me pregunto qué tenía que ver todo ello con la presencia institucional en una manifestación en la que se trataba de mostrar su solidaridad con la ciudadanía, como tales instituciones. Análisis simplistas los puede hacer cualquiera. Pero su uso es inmoral cuando con ello se pretende una acción política simulada que suplanta el verdadero objetivo que se pretende. Muy bonitos, muy de diseño, en azul cobalto, los cartelitos. Muy simplón y, por ello, falaz, el mensaje que contenían.

Manifestación antiterrorista de Barcelona

Considero que ha sido muy importante el “desembarco” de prácticamente todas las instituciones constitucionales en Barcelona, desde la Corona al Gobierno, diputados y senadores, presidentes de Comunidades Autónomas, ayuntamientos. Sabían a qué venían y con qué se podían encontrar. Desde dos horas antes, soy testigo de ello, la ANC y los suyos “ocuparon” todo el trayecto que tenían que recorrer a pie desde los autocares que los habían desplazado a la zona hasta su cabecera de manifestación y, el “servicio de orden” que se había orquestado lo preparó todo para que un mar de esteladas los envolviera para la foto.

Es, pues, de agradecer que, sabiéndolo, como sabíamos y sabían, que eso sucedería, los tuviéramos aquí con nosotros, como representantes institucionales, en apoyo de las víctimas. Quizás, porque todo hay que decirlo, nuestras autoridades hubieran tenido que garantizar que ello no ocurriera. Pero, quizás, sintiéndolo por lo que tuvieron que soportar, haya sido mejor así, para que el mundo pudiera darse de bruces con la manipulación y el escrache que la “revolución de las sonrisas” intentó contra todos.

Porque, además, el “servicio de orden” orquestado estentóreamente por la ANC y perfectamente identificado, según parece, por delegación explícita o implícita de quienes hubieran tenido que hacerse cargo del mismo, sólo se ocupó de la performance y de colocar, estratégicamente, en los cruces de Paseo de Gracia con las calles que lo atraviesan, de grupillos de “facilitadores de attrezzo” (de un ‘attrezzo’ que muchas personas se negaron a aceptar) que se transformaban en vociferantes y amenazadoras escuadras cuando frente a ellos pasaban los escasos grupos y personas portadores de símbolos legales (digo legales, porque los que el servicio secesionista repartía no lo eran) o la pancarta contra el terrorismo y de agradecimiento al Rey por estar ahí, con la ciudadanía.

A este “servicio de orden” no le importaba para nada la ciudadanía que, cívicamente, se manifestaba. De la seguridad de los manifestantes (no ya por temor a ataques, sino simplemente, para que no hubiera problemas derivados de la aglomeración, especialmente en la parte alta del Paseo de Gracia) no se ocupó nadie. Ningún cordón de orden. Ningún pasillo de evacuación. Tuvimos que ayudar a una señora que iba con oxígeno a que pudiera situarse fuera del “aplastamiento”. Niños en cochecitos con padres angustiados por situarlos en algún lugar “respirable”. Personas que se mareaban por la presión del gentío y que necesitaban algo más de “aire”. Pero eso no importaba. Importaba lo que importaba.

Hay otros elementos a tener en cuenta en este análisis, que es la repercusión mediática que está teniendo todo ello. Porque ver cómo lo cuentan algunos da también la medida de qué pretenden con ello. Un dato extremadamente significativo. ¿Han visto Vds. en las grandes televisiones y medios, o en los medios extranjeros la manifestación que tuvo lugar el día anterior, el viernes, en Cambrils? ¿Les han explicado todos estos medios qué sucedió en Plaza Cataluña al final de la manifestación? Vamos a dedicar unas cuantas líneas a estas dos cuestiones.

Cabecera manifestación antiterrorista de Cambrils

Como Cambrils no ocupa normalmente las primeras páginas ni aparece a menudo en las grandes cadenas de TV, el secesionismo no se esmeró en montar allí el espectáculo. Allí tuvo lugar, realmente, una manifestación contra el terrorismo y de apoyo a las víctimas. Ni una estelada. Ni un cartel ofensivo para nadie. Ni una palabra fuera de tono. Quizás precisamente por ello, las llamadas a exhibir la estelada y otras consignas se acrecentaron el sábado por la mañana, no fuera caso que se repitiera una foto que no pudiera ser utilizada políticamente como apoyo al secesionismo. Lo que en las fotografías e informaciones de los medios locales se muestra, sobre esa manifestación de Cambrils, es una respuesta política y ciudadana decente, solidaria y respetuosa.

Lo que ello indica, y es importante, es ver que como en Cambrils no van a salir en la prensa internacional el secesionismo no se preocupa de la ‘performance’. En cambio, en Barcelona, ni en el Camp Nou…. Cambrils es el modelo, no lo que algunos intentaron en Barcelona. ¿Preparando el 11 S quizás? Que la política más abyecta e insolidaria haya presidido la “respuesta” que desde el secesionismo se haya dado a los atentados terroristas de Barcelona y Cambrils muestra el verdadero rostro de quienes nos dividen, nos insultan y pretenden edificar no se sabe qué.

Pancarta de Espanya i Catalans

Cuando la pancarta contra el terrorismo y de agradecimiento por la presencia del Rey llegó a Plaza Cataluña, yendo al otro asunto, un grupo de unos 100 incalificables comenzaron a echárseles encima y a gritar estentóreamente “fora, fora” [fuera, fuera] y “vosaltres, fascistes, sou els terroristes” [vosotros, fascistas, sois los terroristas]. Sin saber de quién era la pancarta (posteriormente he sabido que era de la organización constitucionalista “De España y Catalans”, que ha emitido un comunicado al respecto) les fui haciendo el seguimiento, porque era notorio que, pese a su actitud silenciosa y de respeto, eran insultados cada vez que pasaban por delante de las patrullas secesionistas desplegadas a lo largo de los cruces del Paseo de Gracia.

En un momento dado, entrando en Plaza Cataluña, tres de los portadores fueron vejados y atacados, tirados al suelo, insultados, pisoteados y escupidos por los vociferantes. Pese a estar a dos metros de todo ello, no vi directamente las agresiones (pueden verse los resultados en las fotografías) pero sí oí los gritos y comprobé en mi persona los empujones. Y lo que sí llegué a ver es a los portadores de la pancarta y acompañantes aguantando estoicamente el tipo hasta que llegaron los Mossos y formaron un cordón de protección.

 

Imágenes de uno de los agredidos

Pese a ello, los impresentables y “demócratas”, vociferantes y amenazantes, continuaron durante un buen cuarto de hora con su actitud provocadora, que no fue respondida más que con silencio y dignidad (al César lo que es del César) por el grupo atacado. Eso sí, los gritos y actitudes de odio eran de libro. Me quedé mirando fija y directamente a uno de esos energúmenos (la mayoría menores de 30 años) y era tal su obcecación que ni se daba cuenta de ello. Finalmente, los Mossos desviaron al grupo de la pancarta hacia una calle adyacente para que se pudieran retirar. Y así lo hicieron, entre gritos e insultos.

¿Es esa la “democracia” que nos preparan? ¿Es ese el “diálogo” que reclaman? ¿No pueden, ni tan siquiera en una manifestación como ésta, dejar de atacar y ofender a los que tenemos la razón y la ley con nosotros? ¿No pueden respetar a las víctimas de un ataque terrorista? Parece que no pueden y que tendremos que ir haciendo frente a ésto durante mucho tiempo, pero con la consciencia de que “su” tiempo está en el ocaso. Porque, en una visión de conjunto sobre la manifestación, lo que es evidente es que, frente a los puntos de color mediático estelado que instrumentaron algunos, la inmensa mayoría que nos hemos manifestado cívicamente les hemos dado una lección de ciudadanía y solidaridad. La gran mancha que se advierte en las imágenes, es la gran mancha de la ciudadanía real.

La delegación de Espanya i Catalans, escoltada por los Mossos

Extraña, por otra parte, que muchos medios de comunicación compraron “el relato”, falso, de que la manifestación había sido un triunfo secesionista. Aunque no extraña del todo, al menos a mí. Porque tenemos en contra nuestra la pasividad comunicativa de autoridades que hubieran tenido que liderar “el relato” desde hace tiempo. Siempre se les avanzan. En comunicación les doy un buen suspenso. Y no entiendo cómo, sin estridencias pero con eficacia, no optan por facilitar que la información no esté cautiva y manipulada por el secesionismo como lo está.

¿Por qué? Pues porque, con la ausencia de información veraz y contrastada, unas pocas esteladas y gritos se llevaron los titulares. Titulares como “Jaque al Rey”, “Tremenda pitada al Rey”, “La marcha contra el terrorismo se llena de lemas pacifistas y banderas independentistas”, “Pitada al Rey y a Rajoy en la manifestación contra el terrorismo”, y otros, todos ellos muy mediáticos, pero más alejados de la realidad imposible. Me pregunto qué intereses pueden existir en algunos medios de comunicación para ofrecer, como han hecho, una versión tan sesgada de una manifestación en la que la gran mayoría actuó con gran civismo pese a provocaciones.

Porque lo único que están destacando es a un 5% de integrantes de la manifestación, como máximo, que se dedicaron a intentar hacernos creer que podían monopolizar la actitud de la ciudadanía. Da la impresión de que la capacidad de análisis mediática esté mutando en dirección casi diría que desconocida, incluso en varios medios que normalmente actuaban con mayor profesionalidad. ¿Por qué están promocionando un “relato” sesgado que no se corresponde con los hechos? ¿Es que así “venden” más? ¿Por qué necesitan mejores subvenciones?

Parece que han sido más “inteligentes” algunos medios extranjeros, pues observo que se están haciendo eco del intento manipulador de la manifestación de Barcelona que el secesionismo pretendía. Podemos verlo en La Repubblica (Italia) donde titulan, en portada, “Nacionalismo sin solidaridad”; también en Le Figaro (Francia), el New York Times (USA), con espléndida fotografía del conjunto de la manifestación que evidencia la “toma” de la cabecera institucional por el secesionismo mientras que el resto de manifestantes no están por esa labor.

En la manifestación de Cambrils, como la prensa internacional no estaba, ya lo he dicho, no prepararon representación teatral alguna. En Barcelona, intentaron crear un relato bien orquestado para ser estratégicamente representado mediante objetivos fotográficos de corto alcance, que es lo que han hecho los medios del secesionismo y sus afines. Las tomas aéreas les han desmentido. Pero no parece que sea noticia que la gran mayoría de quienes se manifestaron lo hicieron cívicamente. Lo dicho. Unas pocas esteladas y gritos se llevan los titulares.

Sin embargo, y para terminar, creo no van a ganar “el relato”, porque es la ciudadanía quien, con su actitud, lo está ganando. No lo hemos perdido nosotros, quienes nos manifestamos por lo que nos teníamos que manifestar. Intentan hacer que lo parezca, que hemos perdido “el relato” instrumentalizando a los medios de comunicación. Pero quienes lo están perdiendo son ellos, los manipuladores, los que lo tergiversan. Y hay que ayudar a que lo pierdan definitivamente. El problema que nos quedará es el de las personas que creyeron de buena fe en las mentiras y las quimeras.


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