El artículo de Josep Ramon Bosch, en versión bilingüe

La ruta falsa – Español

 

“El separatismo es una enfermedad tan decimonónica como el nacionalismo y el centralismo. Es una enfermedad de la que no hay casi preocuparse; se va extinguiendo sola, como un microbio que ha perdido la virulencia (…). No; nada de separatismo. Hemos vivido demasiadas centurias juntos, hemos participado en masa empresas comunes -en muchos desastres comunes también- porque jugamos a volver a barajar las cartas. Hay demasiados rasgos comunes (…). Catalanizar Cataluña no quiere decir, por tanto, restar algo de España. Quiere decir hacer España grande, y hacerla digna de incorporarse, sin murmullos, reticencias o reservas, a una gran Europa”.

El autor del “Diccionario de Filosofía”, José Ferrater Mora, dejó para la posteridad la contundente frase que encabeza este artículo. Este autor afirma que Cataluña, como el crisol que ha sido de razas y de culturas, ha de vivir y pensar con los tres mundos de referencia: el hispánico, el europeo y el mediterráneo; él, reivindicador del “seny” catalán y del trabajo bien hecho, es para nosotros uno de nuestros más preclaros referentes políticos y filosóficos en el sentido de entender el “ser” de los catalanes. Desgraciadamente, el separatismo y sus compañeros antihispánicos, los separadores, tienen hoy en día más protagonismo del que Ferrater podría creer, pero como toda enfermedad del pasado, esperamos que se extinga rápidamente.

Los secesionistas, después de la derrota de 1898, sacaron pecho e inventaron mitos, gestos, símbolos, emblemas y fiestas.Arraigó entonces una cultura romántica anticastellana que se confundió con un odio a lo español, confundiendo ambos términos de manera interesada y vergonzosa. Se rescató del olvido toda la simbología diferenciadora para tergiversarla en el transcurso de los tiempos y se inventaron otras nuevas para remarcar que Cataluña era una isla aislada y desligada de la influencia hispana.

Muchos de los mitos que se parieron a principios del siglo XX fueron sacralizados por la II República y tenidos como dogma de fe por los antifranquistas que surgieron en el postfranquismo; y todos ellos bendecidos por los nuevos manipuladores de la corrección política y santificados como verdades absolutas por los tutores del pensamiento secesionista; y es Jaume Vicens Vives quien se refirió, hacia los que mitificaron un pasado, muchas veces falseado o inventado, en 1935 en su escrito “La historia no se crea, se rehace”:

“Las circunstancias especiales de la Renaixença catalana favorecieron la eclosión de esta clase de historiadores que con su entusiasmo abrieron los caminos del conocimiento del pasado de Cataluña (…). Pero no debe ser menos cierto que la síntesis histórica que elaboraron fue en extremo simplista -lo bueno debido a los esfuerzos de los catalanes, todo lo malo debido a los malévolos enemigos nacionales- y en su mayor parte falso, a veces por olvido, dejadez o falta de tiempo, otros, por falsedad clara y manifiesta”.

Ya no es la noble lucha de recuperar la lengua catalana que se desencadenó en el tiempo primigenio de la Renaixença, sino que comenzó una frenética búsqueda identitaria sin miedo a caer en el ridículo más espantoso. Y se inventa y se crea la historia, los mitos, la nación independiente. El último ejemplo de inventos ha sido el triste asunto del burro catalán. Símbolo que se ajusta muy bien para los nacionalistas separatistas, pero que nunca representará a los catalanes.

Todo pueblo tiene como meta principal la reivindicación de sus orígenes, pues como decíamos anteriormente “quien pierde los orígenes pierde la identidad”. El supuesto catalanismo de los separatistas necesita demostrar su propia génesis, la singularidad de sus características, alejada de cualquier contaminación de la historia común española, cuanto más diferente y extraño al cuerpo común español mejor, y no dudan en falsificar, manipular, engañar. Y ya sabemos que las mentiras repetidas mil veces se convierten en verdad.

No quiero hacer una detallada exposición de los rasgos diferenciales de los catalanes ni plantear una relación de los hechos más preclaros que los separatistas identifican con Cataluña, y que la mayor parte de ellos han sido inventados o falseados para poder diferenciarlos de otros pueblos. El separatismo catalán, tanto el que niega a España como el que la ignora, ha buscado una justificación histórica a toda la imaginería que rodea su ideología, y cuando ha encontrado lo que le ha interesado lo ha manipulado hasta la exageración.

¿Y cuáles son los rasgos diferenciales en los que se reconoce rápidamente la catalanidad o que forman parte de la cultura catalana? Pues el pan con tomate, la sardana, las habaneras, la barretina, los mozos de escuadra, el veintitrés tres de abril con la rosa y el libro, las alpargatas, las botas de montaña, el “kumbaiàdeumeucumbaià”, el viajante catalán, el Barça, la iglesia catalana y, por supuesto, el oasis.

Es decir, nuestra particular “cultureta”. Inventos o diestras manipulaciones, para identificarnos como pueblo único y distante de los otros pueblos hispánicos. Pero, ¿y si todos estos símbolos resulta que son inventados o tergiversados para mostrarnos como una exclusividad, o una ínsula de Barataria? ¿Y si resulta que la falsificación de nuestra representación más excelsa está basada en una gran mentira? ¿Y si descubrimos que toda la “cultureta” impuesta para ser un verdadero catalán no es más que una estafa?

Es cierto que todos los pueblos se han inventado sus símbolos, la cultura es un juego de símbolos de la que participa no sólo el cuerpo social, o individual, sino que además constituye el origen del pensamiento, de las estructuras y de las imágenes de los procesos mentales de la tribu o de la persona. Por ello, toda cultura histórica es necesariamente mítica en sus orígenes, pero en nuestra tierra se han manipulado de tal manera que conviene tenerlos bien claros para saber cuáles son estos referentes, que nos quieren hacer creer sus inventores o descubridores, y para saber discernir de forma cuidadosa el grano de la paja y entender los símbolos en su contexto.

Los símbolos se convierten referencia indiscutible en el afianzamiento de todos los pueblos. La gente necesita una identidad en la que verse reflejada y entenderse como país, todo pueblo debe tener sus referentes, y es lógico que los símbolos se conviertan en la visión reducida y fotográfica de todo un pueblo.

Y en Cataluña tenemos tres símbolos, tal y como reconoce el Estatuto de Cataluña, como son la bandera, el himno y la fiesta nacional, el Once de Septiembre.

La mitificación romántica del pasado se ha convertido en obsesión constante del nacionalismo, así el mismo emblema de Cataluña ha sufrido una tergiversación constante; la leyenda de las cuatro barras pintadas por el rey franco con la sangre de Wifredo el Velloso, es una adaptación que el autor alemán Beuter en 1551 copia de un hecho real castellano. Esta historia ha llegado hasta nuestros días como el origen de la bandera catalana.

Pero el verdadero origen de las cuatro barras, a pesar de las muchas polémicas, parece ser que fue una concesión de los colores Papales al Rey Pedro, y así se convirtió en bandera del reino de Aragón (pudiendo haber entre dos y seis barras verticales rojas sobre fondo dorado). La bandera de los condes de Barcelona fue la cruz roja de Gules sobre Camper de Plata (es decir, la Cruz de San Jorge), la primera enseña catalana propiamente dicha. Las de las cuatro barras fue la bandera oficial del Reino de Aragón (actualmente descuartizado entre Cataluña, Valencia, Islas Baleares y Aragón).

Si se le añada a la cuatribarrada la estrella de cinco puntas ya tendremos la desgraciada “bandera estelada” que se inventó en 1918 el bienaventurado Vicente-Albert Ballester, presidente de un grupo llamado “Comité Pro-Cataluña”, ya que para los separatistas la cuatribarrada tradicional les quedaba corta en el sentimiento patrio. El hecho de que haya una estrella y un triángulo en este invento patético, no es un hecho casual. La simbología de la estrella solitaria tiene mucho que ver con la iconográfica masónica de la divinidad y las sociedades secretas.

Y es precisamente de Cuba de donde los separatistas se sirvieron para su inspiración; una vez terminada la Guerra de Independencia de Cuba, se creó en Santiago, en 1906, el Centro Catalanista, donde ya se podía ver un primer apunte de la futura bandera catalana estelada: en medio de una bandera catalana, encima mismo de las cuatro barras, lucía una estrella blanca de cinco puntas. Ballester, tomando como modelo la bandera de Cuba, donde residió temporalmente y admiró su lucha contra los españoles, impulsó el diseño definitivo de la bandera del triángulo y la estrella. Una bandera sin ninguna originalidad, la bandera del odio.

Francesc Macià adoptó la estelada como estandarte de Estado Catalán en 1922, hecho que la popularizó. A partir de entonces, su presencia en actos de insurgencia y prototerroristas es constante, y llega el éxtasis con el intento de insurrección en Prats de Molló, en 1926. Una bandera ajena a los catalanes que nos quieren imponer por todos los medios.

La bandera catalana, la cuatribarrada, la bandera de los condes de Barcelona, las barras de sangre, la enseña de Cataluña. Lucida y querida, ensalzada y compartida, es la inspiración de la bandera de España. Los colores rojo y amarillo de la bandera inspiraron a Carlos III para distinguir los barcos de guerra de la marina española que hasta entonces llevaban banderas de color blanco. Hoy ensuciada con la presencia de una estrella asquerosa.

La bandera española no tendrá popularización como representación de la nación hispana hasta la Guerra de la Independencia o del Francés y durante la posguerra la bandera española simbolizará a la España progresista como estandarte de la Milicia Nacional. El 13 de octubre de 1843 se adoptará como enseña oficial de España, y será largamente utilizada por las unidades armadas de voluntarios.

La bandera  catalana y la bandera española hermanadas por el color, por la historia y por la voluntad de representarnos a todos. Las estrellas ajenas a nuestras enseñas sobran por falsos, inventados, antihistóricos y traidores al pueblo catalán y español.

Los nacionalistas, sin embargo, no tenían himno, y puestos a inventar incluso se inventaron el suyo: Els Segadors. Fue en 1892 que el Centro Catalán de Sabadell patrocinó un premio a fin de encontrar un himno catalán; se presentaron nueve textos, pero el jurado declaró desierto el premio. En 1895 fue el Orfeón Catalán quien convocó un concurso similar, y ganó Francesc Mateu con el poema “La Tierra”, que era la letra pero no la música del actual Els Segadors. Para la música, Francisco Alió enganchó la tonada de una canción de siega obscena y provocativa. Para terminar, Ernest Moliné añadió el “Bon cop de falç” (“Buen golpe de hoz”.) Ahora ya tenemos himno nacional.

Incluso Valentí Almirall, en 1902, manifestaba:

“Nunca hemos entonado, ni entonaremos Els Segadors ni utilizaremos el insulto ni el menosprecio para los hijos de ninguna región de España”.

¿Por qué no reivindicamos como himno propio de Cataluña las estrofas del Himno del Milenio de Verdaguer que dicen: “La tierra catalana, os quiere por soberana, España os quiere para Norte, tomadla vos por hija, y hoy que el mundo peligra, traedlo a puerto”?; ¿o las del “Canto de la bandera”, de Lluís Millet?: “Por encima de nuestros cantos, levantamos una bandera, que los hará más triunfantes”; ahora que los separatistas desconfían de la cuatribarrada y lucen torpemente una enseña estelada hija del odio y el rencor.

Pero el problema se plantea con el fin de buscar una fiesta nacional para celebrar la alegría de ser catalanes. Se rechaza la fiesta más tradicional (23 de Abril, Día de Sant Jordi) por poco patriota y además importada de Inglaterra, y se sustituye por la conmemoración de una derrota. El Once de Septiembre no se conmemora una derrota de Cataluña, sino que fue de toda España, tras una larga lucha fratricida los vencedores desmantelaron el Estado foral español e implantaron el centralismo siguiendo el modelo francés sobre jurisdicciones e institucionales de Castilla. El fin de las instituciones catalanas y la persecución de la lengua no quiere decir que los catalanes dejaran de ser españoles, sino que nos quisieron convertir en castellanos en contra de nuestra voluntad. Los nacionalistas sin embargo ya tenían la justificación para conmemorar una derrota de Cataluña frente España. A finales del siglo XIX se empiezan a organizar las primeras manifestaciones por esta fecha ante el monumento de Rafael Casanovas. Ya tenemos fiesta nacional.

El documento más importante de aquella guerra, el pregón de la junta de gobierno y de los defensores de la ciudad de Barcelona, nos ha sido robado por parte de los manipuladores y mentirosos de la historia. Este documento, publicado en el Portal de San Antonio a las 3 de la tarde del once de septiembre de 1714 y colgado por las calles de Barcelona, fue recogido en varios libros y documentos y rescatado del olvido por Josep Coroleu y Josep Pella en “Los Fueros de Cataluña” en 1878. El pregón dice:

“Ahora oíd, se hace saber a todos generalmente, de parte de los Tres Excelentísimos Comunes, tomado el parecer de los Señores de la Junta de Gobierno, personas asociadas, nobles, ciudadanos y oficiales de guerra, que separadamente están impidiendo que los enemigos se internen en la ciudad; atendiendo que la deplorable infelicidad de esta ciudad, en la que hoy reside la libertad de todo el Principado y de toda España, está expuesta al último extremo, de someterse a una entera esclavitud. Notifican, amonestan y exhortan, representando a Padres de la Patria que se afligen de la desgracia irreparable que amenaza el favor e injusto encono de las armas franco-españolas, hecha seria reflexión del estado en que los enemigos del Rey N.S., de nuestra libertad y Patria, están apostados ocupando todas las brechas, cortaduras, baluartes del Portal Nou, Sta. Clara, Llevant y Sta. Eulalia. Se hace saber, que si luego, inmediatamente de oído el presente pregón, todos los naturales, habitantes y demás gentes hábiles para las armas no se presentan en las plazas de Junqueras, Born y Plaza de Palacio, a fin de que unidamente con todos los Señores que representan los Comunes, se puedan rechazar los enemigos, haciendo el último esfuerzo, esperando que Dios misericordioso, mejorará la suerte. Se hace también saber, que siendo la esclavitud cierta y forzosa, en obligación de sus cargos, explican, declaran y protestan a los presentes, y dan testimonio a los venideros, de que han ejecutado las últimas exhortaciones y esfuerzos, protestando de todos los males, ruinas y desolaciones que sobrevengan a nuestra común y afligida Patria, y exterminio todos los honores y privilegios, quedando esclavos con los demás españoles engañados y todos en esclavitud del dominio francés; pero se confía, que todos como verdaderos hijos de la Patria, amantes de la Libertad, acudirán a los lugares señalados a fin de derramar gloriosamente su sangre y vida por su Rey, por su honor, por la Patria y por la libertad de toda España, y finalmente dicen y hacen saber, que si después de una hora de publicado el pregón, no comparece gente suficiente para ejecutar la ideada empresa, es forzoso, preciso y necesario hacer llamada y pedir capitulación a los enemigos, antes de llegar la noche, para no exponer a la más lamentable ruina de la Ciudad, para no exponerla a un saqueo general, profanación de los Santos Templos, y sacrificio de niños, mujeres y personas religiosas. Y para que a todos sea generalmente notorio, que con voz alta, clara e inteligible sea publicado por todas las calles de la presente ciudad. Dado en la casa de la Excelentísima Ciudad, residiendo en el Portal de S. Antonio, presentes los mencionados Excelentísimos Señores y personas asociadas, a 11 de Septiembre, a las 3 de la tarde, de 1714”.

Los héroes de Barcelona luchando por la libertad de toda España. Esto para los separatistas es un auténtico sacrilegio y por lo tanto la existencia del documento ha sido silenciada.

No podemos olvidar la arenga del heroico general castellano Antonio Villarroel y Peláez a las tropas barcelonesas el mismo 11 de septiembre, que exhorta a los defensores a combatir “por nosotros y por la nación española luchamos”.

Los catalanes exiliados en Viena formaron el Consejo Supremo de España:

“Los más ilustres de ellos fueron integrados en un organismo que instituyó en Viena, el Consejo Supremo de España, el secretario fue el marqués de Rialb, Ramon de Vilana Perles. (…) En las casas de los condes de Savella y de Sástago se solían reunir los españoles en Viena para escuchar conciertos de música. Entre los emigrados se encontraban los marqueses de Poal y de Montras, los condes de Aranda y de Erill; el barón de Esponellà, don Gaspar de Berart (…). El conde de la Corzana fue su segundo ministro plenipotenciario en Utrecht. Otros españoles, como el marqués de Poal, y decenas de oficiales  sirvieron al imperio en sus guerras contra los turcos” (Pedro Voltes,” La Guerra de Sucesión”, 1990).

Y no podemos obviar que la actual bandera cuatribarrada no fue enarbolada en ninguna batalla durante la Guerra de Sucesión:

“(…) Esta guerra no opuso las cuatro barras a la actual bandera española, inexistente antes de Carlos III (decretos de 1785). La bandera arbolada por Rafael Casanova y por Lanuza en los momentos supremos no serán las cuatro barras sino una de color carmesí con Santa Eulalia bordada en una cara y un cáliz y una cruz en la otra” (Nuria Sales,” Los traidores”, 1981).

Ya basta de manipulaciones y mentiras sobre los acontecimientos de aquellas fechas, ya basta de falacias sobre las vivencias y creencias de aquella gente, ya basta de interpretaciones paranoicas, simplistas y falsas. Basta

Ni luchaban contra España ni querían separarse; sino que creían firmemente en España y querían su libertad para eliminar el yugo de la tiranía y el mantenimiento de los fueros y los derechos de Cataluña.

El once de septiembre de 1895 se empezó a celebrar la fiesta por parte del naciente catalanismo con ofrendas florales al monumento de Casanovas en Barcelona. Hoy esta fecha y su celebración ya no son más que una orgía patética de insultos hacia España, con la sonrisa complaciente de los capitostes del oasis siguiendo la falsa ruta del nacionalismo.

La ruta falsa – Català

“El separatisme es una malaltia tan vuitcentista com el nacionalisme i el centralisme. És una malura de la qual no cal gairebé preocupar-se; es va extingint tota sola, com un microbi que ha perdut la virulència (…). No; res de separatisme. Hem viscut massa centúries junts, hem participat en massa empreses comunes –en massa desastres comuns també- perquè juguem a tornar a barrejar cartes. Hi ha massa trets comuns (…). Catalanitzar Catalunya no vol dir, per tant, restar alguna cosa d’Espanya. Vol dir fer l’Espanya gran, i fer-la digna d’incorporar-se, sense murmuris, reticències o reserves, a una gran Europa”.

L’autor del “Diccionario de Filosofía”, en Josep Ferrater i Mora, va deixar per a la posteritat la contundent frase que encapçala aquest capítol. Aquest autor afirma que Catalunya, com a cresol de races i de cultures que ha estat, ha de viure i pensar amb els tres mons de referència: l’hispànic, l’europeu i el Mediterrani; ell, reivindicador del seny català i de la feina ben feta, és per a nosaltres un dels nostres més preclars referents polítics i filosòfics en el sentit d’entendre el “ser” dels catalans. Desgraciadament, el separatisme i els seus companys antihispànics, els separadors, tenen avui en dia més protagonisme del que en Ferrater podria creure, però com tota malaltia del passat, esperem que s’extingeixi ràpidament.

Els secessionistes, desprès de la desfeta del 1898, tragueren pit e inventaren mites, gestos, símbols, emblemes i festes. S’arrelà una cultura romàntica anticastellana que es confongué amb un odi a lo espanyol, confonent ambdós termes de manera interessada i vergonyosa. Es rescatà de l’oblit tota la simbologia diferenciadora per tergiversar-la en el decurs dels temps i s’inventaren de noves per remarcar que Catalunya era una illa isolada i deslligada de la influència hispana.

Molts dels mites que es pariren a principis del segle XX foren sacralitzats per la II República i tinguts com a dogma de fe pels antifranquistes que sorgiren en el postfranquisme; i tots ells beneïts pels nous manipuladors de la correcció política i santificats com a veritats absolutes pels tutors del pensament secessionista; i és en Jaume Vicens Vives qui es va referir, vers als que van mitificar un passat, moltes vegades falsejat o inventat, l’any 1935 en el seu escrit “La història no es crea, es refà”:

“Les circumstàncies especials de la Renaixença catalana afavoriren l’eclosió d’aquesta classe d’historiadors que amb llur entusiasme obriren els camins del coneixement del passat de Catalunya (…). Però no deu ser menys cert que la síntesi històrica que elaboraren fou en extrem simplista -el bo degut als esforços dels catalans, tot el dolent degut als malèvols enemics nacionals- i en la seva major part fals, a vegades per oblit, descurança o falta de temps, d’altres, per falsedat clara i manifesta”.

Ja no és la noble lluita de recuperar la llengua catalana que es desfermà en el temps primigeni de la Renaixença, sinó que va començar una frenètica cerca identitària sense por en caure en el ridícul més gran. I s’inventa i es crea la història, els mites, la nació independent. L’últim exemple d’invents ha estat el trist afer del ruc o burro català. Símbol que s’escau molt bé pels nacionalistes separatistes, però que mai representarà als catalans.

Tot poble té com a fita principal la reivindicació dels seus orígens, doncs com dèiem anteriorment “qui perd els orígens perd la identitat”. El suposat catalanisme dels separatistes necessita demostrar la seva pròpia gènesi, la singularitat de les seves característiques, allunyada de qualsevol contaminació de la història comuna espanyola, quant més diferent i estrany al cos comú espanyol millor, i no dubten en falsificar, manipular, enganyar. I ja sabem que les mentides repetides mil cops esdevenen una veritat.

No vull fer una detallada exposició dels trets diferencials dels catalans ni plantejar una relació dels fets més preclars que els separatistes identifiquen amb Catalunya, i que la major part d’ells són inventats o falsejats per tal de poder diferenciar-los d’altres pobles. El separatisme català, el que nega a Espanya com el que la ignora, ha buscat una justificació històrica a tota la imatgeria que rodeja la seva ideologia, i quan ha trobat el que li ha interessat ho ha manipulat fins a l’exageració.

I quins són els trets diferencials en els que es reconeix ràpidament la catalanitat o que formen part de la cultura catalana? Doncs el pa amb tomàquet, la sardana, les havaneres, la barretina, els mossos d’esquadra, el vint-i-tres d’abril amb la rosa i el llibre, les espardenyes, les xiruques, el “kumbaiàdeumeucumbaià”, el viatjant català, el Barça, l’església catalana i, és clar, l’oasi.

És a dir, la nostra particular cultureta. Invents o destres manipulacions, per identificar-nos com a poble únic i distant dels altres pobles hispànics. Però i si tots aquests símbols resulta que són inventats o tergiversats per tal de mostrar-nos com una exclusivitat, o una insula de Barataria? I si resulta que la falsificació de la nostra representació més excelsa està basada en una gran mentida? I si descobrim que tota la cultureta imposada per ser un ver català no es més que una estafa?

És ben cert que tots els pobles s’han inventat els seus símbols, la cultura és un joc de símbols de la qual participa no solament el cos social, o individual, sinó que a més constitueix l’origen del pensament, de les estructures i de les imatges dels processos mentals de la tribu o de la persona. Per això, tota cultura històrica és necessàriament mítica en els seus orígens, però en la nostra terra s’han manipulat de tal manera que convé tenir-los ben clars per saber quin són aquests referents, que ens volen fer creure els seus inventors o descobridors, i per saber destriar de forma curosa el gra de la palla i entendre els símbols en el seu context.

Els símbols esdevenen referència indiscutible en el afermament de tots els pobles. La gent necessita una identitat en la que veure’s reflectida i entendres com a país, tot poble ha de tenir els seus referents, i es lògic que els símbols esdevinguin la visió reduïda i fotogràfica de tot un poble.

I a Catalunya tenim tres símbols, tal i com reconeix l’Estatut de Catalunya, com són la bandera, l’himne i la diada nacional, l’Onze de Setembre.

La mitificació romàntica del passat ha esdevingut obsessió constant del nacionalisme, així el mateix emblema de Catalunya ha sofert una tergiversació constant; la llegenda de les quatre barres pintades pel rei franc amb la sang de Guifré el Pilós, és una adaptació que l’autor alemany Beuter l’any 1551 copia d’un fet real castellà. Aquesta historia ha arribat fins els nostres dies com l’origen de la senyera.

Però l’autèntic origen de les quatre barres, tot i les moltes polèmiques, sembla ser que fou una concessió dels colors Papals al Rei Pere, i així esdevingué com a senyera del regne d’Aragó (podent haver-hi entre dos i sis barres verticals vermelles sobre fons daurat). La bandera dels comtes de Barcelona fou la creu vermella de Gules sobre Camper d’Argent (és a dir, la Creu de Sant Jordi), la primera ensenya catalana pròpiament dita. La de les quatre barres fou la bandera oficial del Regne d’Aragó (actualment esquarterat entre Catalunya, València, Illes Balears i l’Aragó).

Si l’hi afegiu a la quadribarrada l’estrella de cinc puntes ja tindrem la desgraciada “bandera estelada” que s’inventà el 1918 el benaventurat Vicenç-Albert Ballester, president d’un grup anomenat “Comitè Pro-Catalunya”, ja que per als separatistes la quadribarrada tradicional els quedava curta en el sentiment patri. El fet d’haver-hi un estel i un triangle en aquest invent patètic, no és un fet casual. La simbologia de l’estel solitari té molt a veure en la iconogràfica maçònica de la divinitat i les societats secretes.

I és precisament de Cuba on els separatistes van servir-se per a la seva inspiració; un cop acabada la Guerra d’Independència de Cuba, es va crear a Santiago, l’any 1906, el Centre Catalanista, on ja s’hi podia veure un primer apunt de la futura bandera catalana estelada: al mig d’una senyera, damunt mateix de les quatre barres, hi lluïa un estel blanc de cinc puntes. Ballester, prenent com a model la bandera de Cuba, on hi residí temporalment i n’admirà la seva lluita contra els espanyols, impulsà el disseny definitiu de la bandera del triangle i l’estel. Una bandera sense cap originalitat, la bandera de l’odi.

En Francesc Macià adoptà l’estelada com a estendard d’Estat Català el 1922, fet que la popularitzà. A partir d’aleshores, la seva presencia en actes d’insurgència i prototerroristes és constant, i arriba l’èxtasi amb l’intent d’insurrecció a Prats de Molló, l’any 1926. Una bandera aliena als catalans que ens volen imposar per tots els mitjans.

La senyera, la quadribarrada, la bandera dels comtes de Barcelona, les barres de sang, l’ensenya de Catalunya. Lluïda i estimada, enaltida i compartida, és la inspiració de la bandera d’Espanya. Els colors vermell i groc de la senyera inspiraren a Carles III per distingir els vaixells de guerra de la marina espanyola que fins aleshores portaven banderes de color blanc. Avui embrutada amb la presència d’un estel fastigós.

La bandera espanyola no tindrà popularització com a representació de la nació hispana fins la Guerra de la Independència o del Francès i durant la postguerra la bandera espanyola simbolitzarà l’Espanya progressista com a estendard de la Milícia Nacional. El 13 d’octubre de 1843 s’adoptarà com ensenya oficial d’Espanya, i serà llargament utilitzada per les unitats armades de voluntaris.

La senyera i la bandera espanyola agermanades pel color, per la historia i per la voluntat de representar-nos a tots. Els estels aliens a les nostres ensenyes sobren per falsos, inventats, anhistòrics i traïdors al poble català i espanyol.

Els nacionalistes però, no tenien himne, i posats a inventar fins i tot es van inventar el seu: Els Segadors. Fou el 1892 que el Centre Català de Sabadell va patrocinar un premi per tal de trobar un himne català; s’hi van presentar nou textos, però el jurat va declarar desert el premi. El 1895 fou l’Orfeó Català qui convocà un concurs similar, i guanyà Francesc Mateu amb el poema “La Terra”, que era la lletra però no la música del actual Els Segadors. Per a la música, Francisco Alió hi va enganxar la tonada d’una cançó de sega obscena i provocativa. Per acabar, Ernest Moliné hi afegí el “Bon cop de falç”. Ara ja tenim himne nacional.

Fins i tot en Valentí Almirall, el 1902, manifestava:

“Mai no hem entonat, ni entonarem Els Segadors ni utilitzarem l’insult ni el menyspreu per als fills de cap regió d’Espanya”.

Perquè no reivindiquem com a himne propi de Catalunya les estrofes del Himne del Milenar de Verdaguer que diuen: “La terra catalana, vos vol per soberana, Espanya us vol per Nort, preneula vos per filla, y avui que’l món perilla, trayelo mon á port”; o les del “Cant de la senyera”, de Lluís Millet: “Al damunt dels nostres cants, aixequem una senyera, que els farà més triomfants”; ara que els separatistes malfien de la quadribarrada i llueixen barroerament una ensenya estelada filla de l’odi i el rancor.

Però el problema es planteja per tal de buscar una diada nacional per tal de celebrar la joia de ser catalans. Es rebutja la festa més tradicional (23 d’Abril, Diada de Sant Jordi) per poc patriota i a més importada d’Anglaterra, i se substitueix per la commemoració d’una derrota. L’Onze de Setembre no es commemora una derrota de Catalunya, sinó que fou de tota Espanya, després d’una llarga lluita fratricida els vencedors desmantellaren l’Estat foral espanyol i implantaren el centralisme seguint el model francès sobre jurisdiccions i institucionals de Castella. El fi de les institucions catalanes i la persecució de la llengua no vol dir que els catalans deixessin de ser espanyols, sinó que ens volgueren convertir en castellans en contra de la nostra voluntat. Els nacionalistes però ja tenien la justificació per commemorar una derrota de Catalunya enfront Espanya. A finals del segle XIX es comencen a organitzar les primeres manifestacions per aquesta data davant el monument de Rafael Casanovas. Ja tenim diada nacional.

El document més important d’aquella guerra, el pregó de la junta de govern i dels defensors de la ciutat de Barcelona, ens ha estat furtat per part dels manipuladors i mentiders de la història. Aquest document, publicat al Portal de Sant Antoni a les 3 de la tarda de l’onze de setembre de 1714 i penjat pels carrers de Barcelona, fou recollit en varis llibres i documents i rescatat de l’oblit per Josep Coroleu i Josep Pella a “Los Fueros de Catalunya” el 1878. El pregó diu:

“Ara ojats, se fa saber á tots generalment, de part dels tres Excms. Comuns, pres lo parer dels Senyors de la Junta de Gobern, persones asociadas, nobles, ciutadans y oficials de guerra, que separadament estan impedint lo internarse los enemics en la ciutat; atés que la deplorable infelicitat de esta ciutat, en que avuy resideix la llibertat de tot lo Principal y de toda Espanya, está esposada al ultim extrem, de sujectarse á una entera esclavitud. Notifican, amonestan y exhortan, representant pares de la patria que se afligiesen de la desgracia irreparable que amenaza lo favor e injust encono de las armas gali-spanas, feta séria reflexió del estat en que los enemichs del Rey N.S., de nostra libertat y patria, estant apostats ocupant todas las bretxas, cortaduras, baluarts del Portal Nou, Sta. Clara, Llevant y Sta. Eulalia. Se fa á saber, que si luego, inmediatament de ohit lo present pregó, tots los naturals, habitans y demés gents habils per las armas no se presentan en las plassas de Junqueras, Born y Plassa de Palacio, á de que unidament ab tots los Senyors que representan los Comuns, se poden retxassar los enemichs, fen lo ultim esfors, esperant que Deu misericordias millorará la sort. Se fa també á saber, que essent la esclavitud certa y forzosa, en obligació de sos empleos, explican, declaran y protestan als presents, y donan testimoni als veniders, de que han executat las últimas eshortacions y esforsos, protestant de tots los mals, ruinas y desolacions que sobrevinguen á nostra comuna y afligida patria, y extermini de tots los honors y privilegis, quedant esclaus amb los demés enganyats espanyols y tots en esclavitud del domini francés; pero com tot se confía, que tots com verdaders fills de la patria, amants de la llibertat, acudirán als llochs senyalats á fi de derramar gloriosament seva sang y vida, per son Rey, per son honor, per la patria y per la llibertat de tota Espanya, y finalment los diu y fan saber, que si despres de una hora de publicat lo pregó, no compareixen gent suficient per ejecutar la ideada empresa, es forsós precis y necessari fer llamada y demanar capitulació als enemics, antes de venir la nit, per no esposar á la mes lamentable ruina de la Ciutat, per no esposarla a un saco general, profanació dels Sants Temples, y sacrifici de noys, donas y personas religiosas. Y pera que á tots sia generalment notori, que ab veu alta, clara e intelligible sia publicat per tots los carrers de la present ciutat. Donat en la casa del la Excma. Ciutat, residint en lo portal de S. Antoni, presents los dits senyors Excms. Y personas asociadas, a 11 de Setembre, á las 3 de la tarde, de 1714”

Els herois de Barcelona lluitant per la llibertat de tota Espanya. Això per als separatistes és un autèntic sacrilegi i per tant l’existència del document ha estat silenciada.

No podem pas oblidar l’arenga de l’heroic general castellà Antonio Villarroel i Peláez a les tropes barcelonines el mateix 11 de setembre, que exhorta als defensors a combatre “per nosaltres i per la nació espanyola lluitem”.

Els catalans exiliats a Viena van formar el Consell Suprem d’Espanya:

“Els més il·lustres d’ells van ser integrats en un organisme que va instituir a Viena, el Consell Suprem d’Espanya, el secretari va ser el marquès de Rialb, Ramon de Vilana i Perles. (…) A les cases dels comtes de Savella i de Sástago se solien reunir els espanyols a Viena per escoltar concerts de música. Entre els emigrats es trobaven els marquesos de Poal i de Montras, els comtes d’Aranda i d’Erill; el baró d’Esponellà, don Gaspar de Berart (….).  El comte de la Corzana va ser el seu segon ministre plenipotenciari a Utrecht. Altres espanyols, com el marquès de Poal, i dotzenes d’oficials van servir a l’imperi en les seves guerres contra els turcs” (Pedro Voltes, “La Guerra de Successió”, 1990).

I no podem pas obviar que l’actual senyera quadribarrada no fou enarborada en cap batalla durant la Guerra de Successió:

“(…) Aquesta guerra no oposà les quatre barres a l´actual bandera espanyola, inexistent abans de Carles III (decrets de 1785).La bandera arborada per Rafael Casanova i per Lanuza en els moments suprems no seran les quatre barres sinó una de color carmesí amb Santa Eulàlia brodada en una cara i un calze i una creu a l´altra” (Núria Sales, “Els Botiflers”, 1981).

Ja prou de manipulacions i mentides sobre els esdeveniments d’aquelles dates, ja prou de fal·làcies sobre les vivències i creences d’aquella gent, ja prou d’interpretacions paranoiques, simplistes i falses. Ja n’hi ha prou.

Ni lluitaven contra Espanya ni volien separar-se’n; sinó que creien fermament en Espanya i volien la seva llibertat per eliminar el jou de la tirania i el manteniment dels furs i els drets de Catalunya.

L’onze de setembre de 1895 es començà a celebrar la diada per part del naixent catalanisme amb ofrenes florals al monument de Casanovas a Barcelona. Avui aquesta data i la seva celebració ja no són més que una orgia patètica d’insults vers Espanya, amb el somriure complaent dels capitosts de l’oasi seguint la falsa ruta del nacionalisme.